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MIERDA, OTRA VEZ Tú

Soy Cardo  

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Fragmento

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Él se acercó a ella, deslizó su mano por su pierna mal maquillada y…

«LA BASE DE DATOS DE VIRUS HA SIDO ACTUALIZADA», gritó su Windows 95. Esa voz femenina le cortó el rollo. Ambrosio cerró la ventana de «Elpolvojurásico_movie_porn_XXXXXXX» y puso fin a la pésima adaptación de la escena en la que el vaso de agua empieza a vibrar por las pisadas de los dinosaurios.

Esa voz que salió de su ordenador tan neutra y electrónica le recordó su antiguo trabajo, una agencia que se dedicaba a buscar voces inexpresivas para ponerlas en contestadores automáticos, megafonías de ascensores, avisos de los antivirus… Ambrosio empezó a trabajar allí porque siempre había querido saber cómo era la sensación de que alguien escuchase lo que decías, pero de verdad. Sin fingir ni hacer la lista de la compra mentalmente mientras. ¿Quién no iba a escuchar atentamente la voz del ascensor? Todo el mundo le hace caso porque si no jamás sabrían en qué piso está el territorio vaquero de los centros comerciales. Y eso es muy importante.

Ambrosio hizo un curso online de locución de megafonía avalado por los supermercados Mercadona. Era el único que podía permitirse con su presupuesto. Los propios cajeros eran los profesores que enseñaban a modular la voz en función del producto que había que anunciar. Tras un mes intensivo de clases, Ambrosio se presentó al examen de megafonía. Lo suspendió. Aun así no se rindió y decidió acudir a la empres

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