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MIL LUGARES DONDE ENCONTRARTE

Claudia Gray

5


Fragmento

1

Me tiembla la mano, apoyada en la pared de ladrillo. La fría lluvia se precipita y azota mi piel desde un cielo que jamás había visto. A duras penas consigo recobrar la respiración, hacerme una idea de dónde me encuentro. Lo único que sé es que el Pájaro de Fuego ha funcionado. Cuelga de mi cuello, y aún desprende luz a causa del calor que se ha producido durante el viaje.

No hay tiempo. No sé si dispongo de minutos, de segundos o incluso menos. Desesperada, tiro de esta ropa desconocida; el vestido corto y la chaqueta brillante no tienen bolsillos, pero llevo un pequeño bolso colgado al hombro. Rebusco en su interior: no encuentro nada con que escribir, pero sí un pintalabios. Con dedos temblorosos, lo desenrosco y garabateo unas palabras en un póster hecho jirones, pegado en la pared del callejón. Se trata del mensaje que debo transmitir, lo único que debo recordar después de que haya dejado de ser quien soy.

MATA A PAUL MARKOV.

Luego ya solo queda esperar la muerte.

«Muerte» no es la palabra adecuada. Este cuerpo seguirá respirando, el corazón continuará latiendo, pero dejaré de ser la Marguerite Caine que lo habita.

No, su verdadera dueña recuperará este cuerpo, la Marguerite que pertenece a esta dimensión. La dimensión a la que he viajado gracias al Pájaro de Fuego. Sus recuerdos tomarán el mando de nuevo, ya, en cualquier momento, y aunque sé que tarde o temprano volveré a despertar, me aterra la idea de… perder el conocimiento. De perderme. De quedar atrapada en su interior. Lo que sea que le ocurra a la gente que procede de otra dimensión.

En ese momento caigo en la cuenta: el Pájaro de Fuego funciona de verdad. Es posible viajar a dimensiones alternativas. Lo acabo de demostrar. En medio de la tristeza y el miedo arde un pequeño rescoldo de orgullo que siento como el único calor o esperanza que queda en el mundo. Las teorías de mi madre son ciertas. Acabo de demostrar empíricamente el trabajo de mis padres. Ojalá mi padre hubiera llegado a verlo.

«Theo.» No está aquí. Era poco realista esperar lo contrario, pero era lo que deseaba.

«Por favor, que Theo esté bien», pienso. Sería una plegaria si todavía creyera en algo, pero mi fe en Dios también murió anoche.

Me apoyo en la pared de ladrillo, con las manos separadas sobre un coche de policía, como un sospechoso antes de ser esposado. El corazón late con fuerza en mi pecho. Nadie ha hecho nunca algo así… Lo cual significa que nadie sabe qué va a pasarme. ¿Y si el Pájaro de Fuego no puede devolverme a mi dimensión?

¿Y si muero así?

Es probable que mi padre se hiciera ayer la misma pregunta, a la misma hora.

Cierro los ojos con fuerza y la lluvia helada se mezcla con las lágrimas ardientes sobre mi cara. Aunque intento no pensar en cómo murió mi padre, las imágenes se abren camino entre mis pensamientos una y otra vez: el coche llenándose de agua; el río turbio batiendo contra el parabrisas; mi padre, seguramente aturdido por el accidente, luchando por abrir la puerta, sin conseguirlo. Engullendo los últimos centímetros cúbicos de aire que quedan en el coche, pensando en mi madre, en Josie y en mí…

Debió de pasar mucho miedo.

El vértigo hace que el suelo que piso zozobre, me siento flaquear. Ha llegado el momento. Me hundo.

Me obligo a abrir los ojos para volver a ver el mensaje. Es lo primero que quiero que vea la otra Marguerite. Quiero que se le quede grabado, pase lo que pase. Si lo lee, si no deja de darle vueltas a la cabeza, estoy segura de que esas palabras me despertarán en su interior del mismo modo que podría hacerlo el Pájaro de Fuego. El odio que siento sobrepasa las dimensiones, sobrepasa los recuerdos, sobrepasa el tiempo. En estos momentos, ese odio es lo más genuino que hay en mí.

El mareo aumenta y el mundo se vuelve borroso y gris, difumina el mensaje MATA A PAUL MARKOV…

… y vuelvo a ver con claridad. La palabra MATA se dibuja con nitidez ante mí una vez más.

Confusa, me aparto de la pared de ladrillo. Me siento completamente despierta. De hecho, incluso más que antes.

Y allí de pie, con la mirada clavada en los altos tacones que tengo hundidos en el charco, me doy cuenta de que no voy a ninguna parte.

Empiezo a confiar en mi suerte y, finalmente, me alejo un poco más de la pared. La lluvia me golpea la cara con mayor fuerza que antes cuando levanto la vista hacia el cielo plomizo. Un aerodeslizador se cierne sobre la ciudad, a poca altura, como un nubarrón más. Por lo que parece, su única función es la de proyectar publicidad holográfica sobre el horizonte. Muda de asombro, contemplo cómo el vehículo planea por esta dimensión nueva y extraña mientras unos anuncios en 3D se intercalan en el cielo que lo rodea: Nokia. BMW. Coca-Cola.

Se parece mucho a mi mundo, pero, aun así, no lo es.

¿Este viaje significa tanto para Theo como para mí? Seguro que sí. Aunque mi padre solo era su asesor, su dolor es casi tan hondo como el mío; además, esto es por lo que Theo y mis padres han trabajado durante los últimos años. ¿También habrá conservado la memoria? Si es así, llevaremos las riendas durante todo el viaje, será nuestra conciencia la que guíe a los yoes que han nacido en esta dimensión alternativa. Eso significa que mi madre se equivocaba en algo, cosa que no deja de sorprender, teniendo en cuenta que todas sus otras teorías han resultado ciertas. Sin embargo, agradezco que sea así, al menos durante ese segundo que una nueva explosión de rabia tarda en desintegrar mi gratitud.

Ya nada puede detenerme. Si Theo también lo ha conseguido y puede encontrarme (lo que espero con toda mi alma), entonces lo lograremos. Llegaremos hasta Paul. Recuperaremos el prototipo del Pájaro de Fuego que ha robado. Y nos vengaremos por lo que le ha hecho a mi padre.

No sé si soy capaz de matar a un hombre a sangre fría, pero voy a averiguarlo.

2

No soy física como mi madre. Ni siquiera estoy haciendo un doctorado en física como Paul y Theo. Soy la hija de dos científicos que me han educado en casa y que me han dado una gran libertad para escoger mi propio camino curricular. Como único miembro de la familia con aptitudes artísticas, he acabado concentrándome en mi pasión por la pintura bastante más de lo que nunca me ha dado por estudiar ciencias. En otoño entraré en la Escuela de Diseño de Rhode Island, donde me especializaré en restauración artística. De modo que si quieres mezclar óleos, preparar un lienzo o hablar sobre Kandinski, has dado con la persona indicada; pero si deseas charlar acerca de los fundamentos científicos sobre los que se sostienen los viajes interdimensionales…, mala suerte. Aun así, por lo menos sé lo siguiente: el universo es en realidad un multiverso. Existen innumerables realidades cuánticas que se superponen unas a otras y que, para abreviar, llamaremos «dimensiones».

Cada dimensión representa un conjunto de posibilidades. Básicamente, todo lo que tiene posibilidad de suceder, sucede. Existe una dimensión en la que los nazis ganan la Segunda Guerra Mundial. Una dimensión en la que los chinos colonizaron América mucho antes de que Colón llegara con sus barcos. Y una dimensión en la que Brad Pitt y Jennifer Aniston siguen casados. Incluso una dimensión igual que la mía, idéntica en todo salvo un día en que Marguerite, de cuarto curso, decidió llevar una camiseta azul, mientras que yo preferí ponerme una verde. Cada posibilidad, cada vez que el destino lanza una moneda al aire, divide las dimensiones y se crean nuevas capas de realidad. Es un proceso que nunca se detiene, continúa hasta el infinito.

Estas dimensiones no se encuentran vete a saber dónde en el lejano espacio exterior, sino literalmente a nuestro alrededor, incluso en nuestro interior; sin embargo, al existir en otra realidad, no podemos percibirlas.

Al principio de su carrera, mi madre, la doctora Sophia Kovalenka, planteó la hipótesis de que no solo podríamos ser capaces de detectar esas otras dimensiones, sino también de observarlas, incluso de interactuar con ellas. Todo el mundo se rió. Pero mi madre siguió escribiendo artículos y ampliando su teoría año tras año, a pesar de que nadie le hacía caso.<

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