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MIRAMIENTOS

Javier Marías  

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Fragmento

tista, quizá por una coquetería intuitiva. Las sostiene con fragilidad, está demasiado pendiente de su propia prueba para sujetarlas con fuerza, podrían caérsele en cualquier momento, tal vez esas gafas que vemos cayeron y se rompieron y asistimos ahora a su último instante. El nudo de la corbata pugna por llegar hasta arriba y tapar el borde del cuello blanco, pero no lo logra, es un imposible. Y la frente surcada como por perfiles de pájaros en un Van Gogh, las cejas pobladas, las orejas grandes pero bien pegadas (o hay habilidad para que el pelo no las haga sobresalir aun llevándolo corto). La nariz es como un pomo y es el rasgo más plebeyo, que a Borges seguramente nunca le gustó tener. Pero lo que domina la imagen es la mirada, tan ausente y pacífica o bien tan miope y opaca, lo hace parecer un hombre desvalido y candoroso, alguien que aún no comprende que su cara de pena leve pueda tener nada que ver con su nombre, todavía menos con lo que escribe.

En la segunda foto se lo reconoce perfectamente, no es un hombre que haya experimentado grandes desgracias ni cambios, tal vez en parte porque se quedó ciego hace tiempo, ha dejado de verse y su aspecto depende de otros, de quienes le dan consejos y lo peinan y quizá le hacen descripciones lisonjeras de sí mismo, llamándolo por el ape

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