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MISCELáNEA

Ana Álvarez  

5


Fragmento

1.ª edición: junio, 2015

© 2015 by Ana Álvarez

© Ediciones B, S. A., 2015

Consell de Cent, 425-427 - 08009 Barcelona (España)

www.edicionesb.com

Depósito Legal: B 14387-2015

ISBN DIGITAL: 978-84-9019-941-1

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Dedicado a Laura, por su ayuda en el difícil parto y posterior desarrollo de esta historia. Por estar ahí cuando me quedaba sin ideas y sin ganas de escribir. Por haber creído en mí siempre, cuando ni yo misma creía. Y al final, por ofrecerme su mano…

Gracias

Contenido

Portadilla

Créditos

Dedicatoria

 

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

Capítulo 20

Capítulo 21

Capítulo 22

Capítulo 23

Capítulo 24

Capítulo 25

Capítulo 26

Capítulo 27

Capítulo 28

Capítulo 29

Capítulo 30

Capítulo 31

Capítulo 32

Capítulo 33

Epílogo

Agradecimientos

Nota de la autora

Promoción

Capítulo 1

El comienzo

Victoria releyó una vez más la prueba del artículo que estaba revisando para la edición del periódico que entraría en rotativos en un par de horas. Le costaba trabajo concentrarse, en la redacción había un alboroto que se filtraba a través de la puerta del despacho y del que no conseguía desentenderse.

Normalmente no tenía problemas para evadirse del ruido circundante, en una redacción con gran cantidad de personal trabajando a dos turnos el ruido siempre estaba presente, pero últimamente estaba más nerviosa de lo habitual, y eso no ayudaba a su poder de concentración.

La perspectiva de conseguir al fin una revista semanal, que el periódico publicaría los sábados, y que sería enteramente obra suya, la tenía nerviosa e impaciente. Sabía por el movimiento que había de entrevistas y visitas al despacho del redactor jefe, que la publicación era inminente, y este hacía meses que le había prometido la dirección a ella. Incluso habían hablado un poco de la línea que tendría dicha revista, de los contenidos y del formato.

Sabía también que llevaba algo de tiempo organizarlo todo, pero estaba realmente impaciente por empezar.

Un murmullo más alto de lo normal procedente de la antesala de su despacho donde trabajaban su ayudante Magda y un par de chicas más, ambas redactoras, le hizo volver a soltar el artículo que intentaba revisar y salir para averiguar el motivo de tanta agitación.

Antes de abrir la puerta, se pasó la mano por el pelo para asegurarse de que ningún mechón se había soltado, siempre tenía buen cuidado en mantener su melena rubia y llamativa cuidadosamente recogida con tirantez en un apretado moño.

Victoria pensaba que al trabajo se iba a trabajar y cuidaba escrupulosamente su imagen para evitar provocar tanto en hombres como en mujeres ningún sentimiento que no fuera estrictamente profesional.

De hecho, su ayudante y amiga, con la que compartía piso, solía burlarse y decirle que parecía más lesbiana que ella cuando la veía por las mañanas embutirse en sus habituales trajes pantalón negros, sus sujetadores camiseta que comprimían sus pechos y sus sencillas camisas blancas abotonadas hasta el cuello.

Una vez comprobado que su aspecto era satisfactorio, abrió la puerta. Inmediatamente las risas cesaron y cada una de las chicas volvió a su quehacer.

—¿Puedo saber qué ocurre, que está hoy la redacción tan alterada?

Magda se echó a reír.

—Al parecer hay un espécimen de hombre diez dando vueltas por el periódico. Va parando la producción por dondequiera que pasa.

—Ah... ¿Y ese hombre diez es...?

—Nadie lo sabe.

Rosa, una de las chicas respondió.

—Sí que lo sabemos. Es Julio Luján de la Torre, el hijo menor del dueño de la cadena de hoteles más importante de la Costa Brava. Lo que no sabemos es qué hace aquí.

Victoria frunció el ceño. Claro que conocía al hombre, salía con frecuencia en las revistas del corazón, pero tampoco ella tenía idea de qué pintaba en el periódico. Por lo que sabía él pasaba todo su tiempo en yates, fiestas y saraos.

—Bueno, haga aquí lo que haga, no nos incumbe. Nosotras tenemos que sacar adelante la edición de un periódico, así que manos a la obra.

—Sí, Victoria, no te preocupes, estará a tiempo.

Giró sobre sus talones y volvió a entrar en el despacho. No tenía duda de que estaría, sus chicas cumplían siempre con su trabajo. Se había rodeado de un buen equipo. Rosa, Celia y sobre todo Magda eran eficientes y cumplidoras: contaba con ellas para la revista, aunque todavía no había nada oficial.

Suspiró al sentarse de nuevo en su sillón. Tanto alboroto por un par de pantalones. El tal Julio Luján no era más que un niño de papá, aunque ya bastante entrado en la treintena, mimado y caprichoso. Que ella supiera, no había trabajado en su vida, y si había algo que Victoria respetaba era el trabajo.

Se concentró de nuevo en su labor, hasta que sonó el teléfono de su mesa.

—¿Sí, Magda?

—Martín quiere verte en su despacho ahora mismo. Parece importante.

—De acuerdo. ¿Puedes encargarte tú de terminar la corrección?

—Sin problema.

Minutos después volvía a atravesar la puerta de su despacho, después de haber revisado su aspecto. El cabello en su sitio, la chaqueta abrochada, los pantalones impecables. Magda se había burlado de ella preguntándole con sorna.

—¿Asegurándote de estar perfecta por si te encu

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