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MISERICORDIA

Benito Pérez Galdós  

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Fragmento

INTRODUCCIÓN

1. PERFILES DE LA ÉPOCA

La vida y obra del autor de la novela que sigue a estas páginas preliminares, y la historia de que trata la novela misma, se enmarcan en un siglo tan turbulento como trascendente para la configuración de una nueva Europa y de una nueva España. Galdós fue un excepcional testigo de tres cuartos de un siglo (entre 1843 y 1920) que duró marchando de revolución en revolución (período que se enmarca entre los cambios radicales de 1848 y la gran crisis que supuso la primera Gran Guerra —1914-1918— con escasos paréntesis de sosiego y progreso). Si varios tronos europeos se tambalean en 1848 (empezando por el de Francia, con el destronamiento de Luis Felipe de Orleans, aunque pronto se restauró la monarquía con el Segundo Imperio y Napoleón III, que casó con la española Eugenia de Montijo, tan elogiosamente referida por uno de los personajes de la novela Misericordia) y grandes políticos pierden el poder y hasta tienen que huir, como el caso del vienés Metternich, ante el empuje del Liberalismo, esos mismos movimientos revolucionarios provocaron importantes procesos de unificación en Alemania (impulsado por Bismarck) o Italia (con la decisiva actuación de Garibaldi y las presiones de Víctor Manuel II ante el Papado). Entre 1853 y 1856 la Guerra de Crimea coartaba las inquietantes intenciones expansionistas del Imperio ruso a la vez que Inglaterra conocía, en el larguísimo reinado victoriano, su momento más fuerte como potencia imperialista, hasta el punto de que en 1877 la reina Victoria fue proclamada Emperatriz de la India. En esos años Estados Unidos disfruta del mandato de un excepcional presidente, A. Lincoln, y lamenta una costosísima Guerra de Secesión entre los Estados del Norte y los del Sur, que logró al final la abolición de la esclavitud en las grandes plantaciones de algodón.

Europa inicia en ese tiempo una tímida, pero creciente, industrialización que origina un crecimiento de la clase obrera y la formación de las primeras organizaciones sindicales en defensa de sus intereses, frente a la burguesía de los patronos, y que aumentan de protagonismo entre las dos Internacionales (1864 y 1889) con la creación, además, del Partido Socialista Obrero Español, de la mano de Pablo Iglesias. La crisis mundial que coincide en el traspaso de los dos siglos tiene especiales repercusiones en España, como se recuerda unos párrafos más abajo.

El final de ese período de liquidación, transformación y crecientes tensiones de clase, desemboca en la crisis de 1914, cuando el asesinato del archiduque austriaco Francisco Fernando es el detonante de una serie de declaraciones de guerra entre diversos países europeos (Austria contra Servia, Alemania contra Rusia, Francia y Bélgica, Gran Bretaña contra Alemania, Italia contra Austria), situación bélica a la que se suma la gran revolución bolchevique, con la abdicación del zar Nicolás II y el asalto al Palacio de Invierno. Con la firma del tratado de Versalles, y la derrota alemana, se acaba el conflicto y también el controvertido siglo XIX. Se empieza a perfilar un nuevo orden mundial polarizado entre el capitalismo (con Nueva York como meca) y el comunismo soviético (Moscú como la ciudad del milagro proletario). Es el año 1920, realmente el año primero del nuevo siglo. Y en ese mismo año moría Galdós.

En España todos esos cambios se reflejaron con un considerable retraso temporal. Las revoluciones liberales del 48 se pospusieron en nuestro país nada menos que veinte años, si bien el largo período del reinado de Isabel II (su mayoría de edad para reinar se declaró el mismo año del nacimiento de Galdós —1843—) estuvo lleno de indicios que anunciaban la fractura de septiembre del 68, tales como la segunda guerra carlista, el malestar de la milicia, la primera de las varias y cruentas guerras con Marruecos, y la manipulación del gobierno por diversos políticos militares como Espartero o Narváez (la “baza de espadas” de la que hablaba Valle Inclán). Tras el fallido intento de monarquía constitucional en la figura de Amadeo de Saboya y el esperanzado, pero corto, período republicano, el pronunciamiento militar de Martínez Campos restauró la monarquía borbónica en España en la figura de Alfonso XII, se redactó una de las Constituciones más duraderas de nuestra historia y se instauró una alternancia en el poder entre los conservadores de Cánovas y los liberales de Sagasta, favoreciendo el sistema de gobierno caciquista y la práctica del pucherazo electoral que controlaba el sufragio, falseándolo, especialmente en los medios rurales. Una cierta estabilidad económica combinada con un considerable atraso cultural enmarcan la última gran crisis de Estado de aquel siglo XIX, la guerra con Estados Unidos y la liquidación de los últimos restos de la colonias, Cuba y Filipinas: es el “desastre del 98” que supuso un gran revulsivo en la conciencia española y en sus principales ideólogos y escritores. Todo ello ocurre durante el período de regencia de María Cristina de Habsburgo, que cubre el intermedio temporal entre la muerte de Alfonso XII y la mayoría de edad de Alfonso XIII (1902). Aunque España no participó en la Primera Guerra Mundial, sí resonaron en su sociedad y en su economía los efectos de aquel conflicto y llegaron con especial atención los ecos de la revolución rusa. Cuando muere Galdós preocupan enormemente las revueltas anarquistas en Andalucía y Cataluña, está a punto de iniciarse otro sangriento encontronazo con las kabilas rifeñas de Marruecos (las campañas del Norte de África ya se habían cobrado la grave crisis de 1909, conocida como la “Semana Trágica”) además de un creciente movimiento obrero y campesino de protesta, que son los contrapesos de un cierto desarrollo económico y de un considerable crecimiento de la población. A la altura de 1920, cuando se funda el Partido Comunista de España, la monarquía estaba al borde del agotamiento, y la inminente llegada de la dictadura de Primo de Rivera (1923) no iba más que a prolongar una agonía que se convertirá en muerte inevitable en 1931.

La cultura mundial dio excelentes muestras de vigor creativo en estos tres cuartos de siglo, sucintamente comentados en lo social y lo político. Así durante estos años Verdi estrena La Traviata (1853), Flaubert publica Madame Bovary (1856), Darwin El origen de las especies (1859) y Renan su Vida de Jesús (1863), tres años antes de que el ruso Dostoievski dé a la imprenta su gran novela Crimen y castigo. La ideología marxista tiene su gran apoyo teórico en el texto de El capital (1867) y la Iglesia busca una necesaria renovación doctrinal y atención social con el papado de León XIII (1878) y su encíclica Rerum Novarum. La filosofía moderna alcanza una de sus fundamentales aportaciones en el libro de Bergson Ensayos sobre los datos inmediatos de la conciencia (1889), el mismo año en que se levanta la torre Eiffel como emblema de la Exposición Universal de París. En 1891 la industria mecánica da un paso de gigante con la invención del motor Diesel, y en 1894 Marconi inicia sus experimentos con la radio, aunque el primer mensaje lo logrará emitir en 1901. En 1896 se celebra la primera Olimpiada moderna en Atenas, y el 1 de julio de 1900 inicia sus vuelos el dirigible Zeppelin, construido por el conde Ferdinand, año en el que también se juega la primera Copa Davis de tenis y se publica el cuento El mago de Oz, del escritor norteamericano Frank Baum, además del trascendental estudio La interpretación de los sueños, de Freud. En 1901 Picasso es ya un artista con fama en los cenáculos parisinos y en 1902 se filma el Viaje a la Luna de Méliés. Si en 1903 Madame Curie consigue el Nobel de Física, y las sufragistas inglesas organizan ruidosas campañas en favor del voto femenino, en 1904 se hace el primer viaje en el Transiberiano. En 1905 Einstein presenta la teoría de la relatividad y en 1906 un gran terremoto origina más de un millar de víctimas en San Francisco. Las señoritas de Avignon causa sensación en la pintura de 1907, y el Nobel de Literatura se otorga a R. Kipling. En 1909 Peary llega al Polo Norte y en 1911 se estrena la ópera de Strauss El caballero de la rosa. El año 1912 registrará el hundimiento del Titanic y la bailarina rusa Anna Paulova triunfará con su coreografía de Muerte del cisne. Tras la paz de Versalles se funda en Weimar la Bauhaus (1919), revolucionaria escuela de pintura que cuenta entre sus profesores a Paul Klee y Kandinski, y llega la conmoción dadaísta al mundo del arte (1920).

En España, y durante ese mismo período, de 1843 a 1920, podemos recordar algunos hitos culturales y sociales que acompañaron la vida y obra de Galdós: se inaugura el primer tramo de ferrocarril Madrid-Aranjuez en 1851, en octubre del 68 se acuña la peseta como la nueva moneda oficial, los amigos de Bécquer publican sus Rimas (1871), Valera edita Pepita Jiménez (1874), se funda la Institución Libre de Enseñanza (1876), Gaudí inicia los trabajos de La Sagrada Familia (1882), Clarín da a conocer La Regenta (1884), se funda la UGT (1888) y se estrena La verbena de la Paloma (1894). El nuevo siglo empieza con una importante huelga tranviaria en Barcelona, la publicación de la novela de Baroja La busca o la aprobación de la ley del descanso dominical. Año de grandes fríos y hambruna fue el de 1905, especialmente en Andalucía, donde se originan numerosos motines y Rubén Darío edita sus Cantos de vida y esperanza. En 1906 la famosa espía y bailarina Mata-Hari inaugura en Madrid la sa

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