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MUJERES ENAMORADAS

D.H. Lawrence  

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Fragmento

revisada a partir de la edición publicada por Cambridge en 1987, tras una compleja labor de investigación. Entre julio de 1916 y enero de 1917, Lawrence concluyó el quinto manuscrito de una novela titulada The Sisters y, aunque siguió corrigiendo, se lo entregó a su agente, James B. Pinker, quien hizo dos copias sobre las que Lawrence, con la ayuda de su mujer, intentó transcribir sus correcciones, llenando ambas de una amalgama de diferentes anotaciones a mano. Una de estas copias comenzó a viajar de editor editor sin ningún éxito, mientras que en la oficina de Pinker se mecanografiaba de nuevo la otra copia y se le daba el título de Mujeres enamoradas. Entre marzo de 1917 y septiembre de 1919, Lawrence continuó trabajando sobre esta copia, una revisión que afectó al noventa por ciento de las páginas, con cerca de setenta y seis páginas reescritas y un final nuevo.

Y esta ha sido la versión elegida por los editores de Cambridge como texto base para intentar restaurar un hipotético manuscrito original de la novela publicada, desde entonces, como

. Texto base que han tenido que comparar con ediciones posteriores sobre las que el autor mismo realizó nuevos cambios. En septiembre de 1919, Lawrence envió este manuscrito «definitivo» a Thomas Seltzer, editor neoyorquino, quien, un año más tarde, publicaba la novela sólo para suscriptores. Esta primera edición americana es, pues, la más cercana al texto original si se exceptúan dos modificaciones que hizo el editor para evitar la censura y que han sido restauradas en la edición de Cambridge. La novela se libró de cualquier otra alteración no autorizada por Lawrence, aunque no consiguió escapar a los errores de composición, que afectaron, sobre todo, a la puntuación.

Para que la novela pudiera pasar la rígida censura británica, Secker, el editor inglés, le pidió a Lawrence varios cambios y él mismo hizo algunos sin consultar con el autor. Además de estos cambios, Lawrence corrigió y revisó las pruebas de imprenta de manera notable, además de titular los capítulos tal y como los conocemos ahora y de dividir alguno de ellos en capítulos nuevos. Afortunadamente, estas pruebas han sobrevivido y han permitido a los editores de Cambridge diferenciar, en la mayoría de casos, los cambios hechos por Secker de los realizados por el

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