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NIñOS: INSTRUCCIONES DE USO. EL MANUAL DEFINITIVO

Rocío Ramos-Paúl   Luis Torres  

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Fragmento

Índice

Portadilla

Índice

Dedicatoria

Introducción

Primera parte. Hábitos

Capítulo I. La alimentación

Capítulo II. El sueño

Capítulo III. La higiene

Capítulo IV. Miedos y manías

Segunda parte. Límites

Capítulo V. Normas y límites

Capítulo VI. La agresividad

Capítulo VII. Premios y castigos

Tercera parte. Tiempo de calidad

Capítulo VIII. La estimulación

Capítulo IX. El juego

Capítulo X. La autoestima

Capítulo XI. Inteligencia emocional

Cuarta parte. El entorno

Capítulo XII. Nuevas situaciones

Capítulo XIII. Cambios en la familia

Capítulo XIV. Trastornos psicológicos

Quinta parte. Escolarización

Capítulo XV. Adaptación y relación con otros

Capítulo XVI. El hábito del estudio

Notas

Sobre los autores

Créditos

 

 

 

 

A Sofía, Lorenzo y Ramón, que
ponen a prueba todos los días
nuestro manual. Gracias por
sacar lo mejor de nosotros.

 
Introducción

El libro que estás a punto de empezar a leer surge de la necesidad que los padres tienen hoy en día de encontrar respuestas que los ayuden a afrontar la educación de sus hijos.

En él te presentamos toda una metodología, y no solo una estrategia que aplicar en un momento concreto. Estaríamos muy satisfechos si, al terminar de leerlo, pudieras decir: «He aprendido un método eficaz de afrontar la educación de mi hijo y lo veo crecer feliz». Porque este es el objetivo: hacer de tu hijo un niño feliz.

El libro consta de dieciséis capítulos dedicados a los temas que más preocupan a los padres en lo que a educación se refiere. Están agrupados en cinco bloques con los siguientes títulos: Hábitos, Límites, Tiempo de calidad, El entorno y Escolarización.

Un niño feliz es aquel que se siente protegido, seguro y querido. Esta definición es el denominador común de los tres primeros bloques del libro:

 

 

HÁBITOS

 

Para que un niño se sienta seguro tiene que adquirir determinados hábitos. Cuando nacen, los niños no saben lo que es el orden y los adultos tenemos que ayudarlos a organizar su vida mediante horarios estables asociados a rutinas, es decir, a actividades que se hacen todos los días de la misma manera. Así asimilan un esquema de orden interno que convierte su mundo en un lugar predecible y, por tanto, seguro.

La alimentación y el sueño son los dos primeros hábitos que tienen que aprender los niños, por eso les dedicamos los dos primeros capítulos de este bloque. Para que la alimentación y el sueño se conviertan en rutinas deben llevarse a cabo siempre en un mismo sitio, a la misma hora y de la misma manera. La higiene es el siguiente hábito que los niños aprenden. A través de él adquieren autonomía y gusto por estar presentables, lo que los ayuda a relacionarse con otros niños. También es una de las mejores formas de prevenir enfermedades. De todo ello hablamos en el tercer capítulo de este bloque.

Cuando los hábitos de un niño no son adecuados, muchas veces acaban convirtiéndose en manías difíciles de corregir. Por otra parte, si el mundo del niño no le ofrece seguridad, aparecen los miedos. Estos dos temas se abordan en conjunto en el último capítulo de este bloque, «Miedos y manías».

 

 

LÍMITES

 

Para que un niño se sienta protegido debe tener límites. Los límites, traducidos en normas, le dicen hasta dónde puede llegar. También hay que enseñarle que cumplir o no las normas tiene consecuencias. A través de las consecuencias de su comportamiento, el niño aprende lo que puede y lo que no puede hacer.

A veces lo adecuado será premiar su conducta; otras veces habrá que recurrir al castigo. Por eso el tercer capítulo de este bloque lleva por título «Premios y castigos».

Es muy probable que un niño al que no han puesto límites termine desarrollando un comportamiento agresivo. En el segundo capítulo de este bloque, «La agresividad», proponemos estrategias para evitarlo. Los padres deben enseñar a su hijo lo que puede hacer y lo que no. Para ayudarlos está el primer capítulo de este bloque, en el que se explica cómo fijar normas y límites.

 

 

TIEMPO DE CALIDAD

 

Para que un niño se sienta querido y valorado hay que pasar tiempo con él y decirle lo bien que hace las cosas y lo mucho que se le quiere. Los adultos trabajamos tanto que tenemos poco tiempo libre. Es preciso que convirtamos a nuestros hijos en los protagonistas del tiempo que pasamos con ellos y, sobre todo, que le demos calidad a ese tiempo mediante la estimulación y el juego. El niño debe sentir que es lo más importante que ha ocurrido en la vida de sus padres. Esto se consigue alabando sus logros, conociendo sus intereses, expresándole cuánto se le quiere y disfrutando de su compañía. Estas son las bases para el desarrollo de la autoestima, tema del tercer capítulo de este bloque.

Aunque todo lo relacionado con inteligencia emocional podría constituir un bloque en sí mismo, hemos optado por incluirlo en Tiempo de calidad porque los límites y los hábitos desarrollan las capacidades del niño para hacer cosas, pero también es función de los padres desarrollar y educar las capacidades que ayudan al niño a sentir emociones y a sentir que el tiempo que pasan con él es único y valioso.

Hasta aquí hemos hablado de todo lo que caracteriza a un niño feliz, pero al plantear el libro nos dimos cuenta de que se quedaban en el tintero algunos temas, que dieron lugar a dos bloques más:

 

 

EL ENTORNO

 

En muy poco tiempo se han producido muchos cambios sociales que han afectado a la estructura familiar y que generan en los padres una gran sensación de incertidumbre y preocupación. Muchos de ellos se preguntan: «¿Lo estoy haciendo bien?». Pero cada momento del desarrollo del niño requiere un tipo de atención distinta.

Los títulos de los temas de este bloque reflejan la compleja realidad que les toca vivir a las familias de hoy: «Nuevas situaciones», «Cambios en la familia» y «Trastornos psicológicos». Hemos intentado describir paso a paso cómo afrontar la educación de nuestros hijos sin miedo a equivocarnos, porque educar nunca ha sido sinónimo de perfección.

 

 

ESCOLARIZACIÓN

 

Seguramente podríamos haber incluido el hábito de estudio entre los temas del primer bloque, Hábitos. Sin embargo, es tanto el tiempo que el niño pasa en la escuela y tal la cantidad de experiencias que esta le proporciona, que hemos preferido dedicar un capítulo aparte a la escolarización.

En la escuela es donde el niño empieza sus relaciones sociales, donde conoce a quienes serán sus mejores amigos, donde se integra en una pandilla. En el capítulo «Adaptación y relación con otros» se habla de ello y también de cómo iniciar y mantener una conversación, cómo aprender a decir no, a aceptar críticas y otras habilidades necesarias para relacionarse con los demás.

 

 

¿CÓMO SON LOS CAPÍTULOS?

 

Cada capítulo se inicia con una breve exposición del tema a tratar. A continuación se habla de la importancia que tiene ese tema para la educación del niño y se describen los aprendizajes que este debe adquirir según su edad. Hasta aquí el objetivo es proporcionar una aproximación teórica que dé sentido a la práctica posterior y permita decidir si la metodología propuesta es la que se desea aplicar en casa y por qué.

Los siguientes apartados explican cómo llevar a la práctica todo lo expuesto, sin olvidar las dificultades más frecuentes y cómo solucionarlas. Asimismo, se presentan casos reales de aplicación de las estrategias propuestas.

Todos los capítulos terminan con una pequeña reflexión acerca de lo que se consigue con esfuerzo por parte de los padres y aplicando sistemáticamente las estrategias presentadas.

 

La lectura de este libro te servirá de guía, pero las claves del éxito en la educación de tu hijo serán tu actuación y tu capacidad de adaptar cada estrategia a sus necesidades.

No queremos acabar sin permitirnos una recomendación: tu hijo es muy importante para ti y tiene que saberlo. No dudes en hacerle saber todos los días lo mucho que lo quieres.

Solo nos queda despedirnos. Gracias por tu confianza; esperamos que este libro esté a la altura de tus expectativas. Un saludo.

 

Rocío Ramos-Paul Salto

Luis Torres Cardona

 

www.rocioramos-paul.com

Primera parte

Hábitos

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Capítulo I
La alimentación

 

La importancia que tienen los hábitos en la educación del niño está ligada al sentimiento de seguridad que este necesita para crecer feliz. Ningún niño se siente seguro en la incertidumbre, de modo que es necesario establecer horarios que le avisen de lo que va a ocurrir en cada momento y lo ayuden a regular sus ritmos biológicos.

En la instauración de hábitos son imprescindibles las rutinas, actividades que se hacen todos los días de la misma manera.

El niño debe adquirir el hábito de la alimentación desde su nacimiento para que no se convierta en una fuente de conflicto. Todos comemos, pero no todos tenemos buenos hábitos alimentarios. Adquirirlos no solo influye en el crecimiento y la salud del niño, también facilita la adquisición de aprendizajes posteriores.

Cuando un niño no come adecuadamente, sus padres conciben ideas del tipo: «Si no consigo que coma, enfermará y será mi culpa». Mantenerse firme en la instauración del hábito evita posibles manipulaciones emocionales por parte del niño.

Acompañar las rutinas con tareas de colaboración —como poner y retirar la mesa—, comer en horario fijo y hacer de la comida un momento de disfrute en familia son condiciones fundamentales para conseguir que el niño aprenda no solo a comer bien, sino también a ser un adulto seguro y capaz de solucionar conflictos de una manera eficaz.

 

 

1. ¿QUÉ ES LA ALIMENTACIÓN?

 

La alimentación es el proceso por el cual se escogen, elaboran, transforman e ingieren los alimentos. Una buena alimentación es necesaria para la salud y debe convertirse en un hábito satisfactorio y gratificante para padres e hijos.

A la hora de escoger los alimentos hay que tener en cuenta la cantidad, lo que aportan al organismo y si son necesarios o perjudiciales para el mismo. Alimentarse es una necesidad fisiológica que el niño precisa para su desarrollo intelectual y motor. Hay que distribuir las comidas en un menú equilibrado que aporte la energía necesaria para cada momento del día.

 

 

1.1. ÁREAS DEL COMPORTAMIENTO

 

Para entender las diferentes estrategias que vamos a plantear a lo largo de este capítulo es preciso definir primero el comportamiento humano. Lo hacemos siguiendo el método cognitivo-conductual, basado en tres áreas:

 

bolo.jpeg Área fisiológica (lo que sentimos)

bolo.jpeg Área cognitiva (lo que pensamos)

bolo.jpeg Área motora (lo que hacemos)

 

 

ÁREA FISIOLÓGICA

 

En su teoría sobre la motivación humana, el psicólogo Abraham Maslow establece una pirámide en cuya base están las necesidades fisiológicas del ser humano.

A medida que se van satisfaciendo estas necesidades surgen otras, que van configurando la pirámide hasta llegar a la cúspide, de la plena felicidad o armonía.

En la base de la pirámide, Maslow incluye la alimentación como una necesidad fisiológica fundamental para el desarrollo físico y psicológico del ser humano:

 

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ÁREA COGNITIVA

 

Una alimentación variada y equilibrada es necesaria para que se desarrollen las capacidades cognitivas superiores: el lenguaje, el pensamiento, la memoria…

La alimentación sana facilita el desarrollo intelectual del niño a través de la percepción sensorial. Aumenta su capacidad de memorizar y, sobre todo, de pensar y razonar.

La alimentación también es un proceso de aprendizaje para el niño. Los hábitos adquiridos en la más temprana edad van a influir decisivamente en su desarrollo posterior.

El niño adquiere el hábito de la alimentación desde la lactancia, pues se acostumbra a comer a unas horas determinadas. A medida que el niño crece los hábitos deben ir cambiando para adaptarse a sus necesidades.

La rutina da a los niños seguridad, ya que crea un entorno predecible, pilar fundamental para el desarrollo de la autoestima y la felicidad.

 

 

ÁREA MOTORA

 

Es obvio que la alimentación, con todas las complejas acciones que requiere, contribuye al dominio motor y también a la coordinación.

Más adelante veremos a qué edad está preparado el niño para comer solo, pero desde el principio es conveniente fomentar su autonomía y dejarle hacer cosas por sí mismo para ayudarle a desarrollar su coordinación motora.

Con el mero acto de tragar, el niño ejercita los músculos de la boca y la garganta, importantes para el desarrollo tanto de la alimentación como del habla.

 

 

1.2. LA NUTRICIÓN Y LOS NUTRIENTES

 

La nutrición es el proceso mediante el cual el organismo transforma una serie de sustancias que recibe del exterior —llamadas nutrientes— con tres objetivos: producir energía, regular el metabolismo y posibilitar el crecimiento

Los principales tipos de nutrientes son:

bolo.jpeg los hidratos de carbono

bolo.jpeg las proteínas

bolo.jpeg los lípidos o grasas

bolo.jpeg las vitaminas

 

 

LOS HIDRATOS DE CARBONO

 

Son la fuente principal de glucosa, es decir, los que abastecen de energía a nuestro organismo. Aunque esta es su principal función, también intervienen en el desarrollo muscular y cerebral. Es muy importante consumir la cantidad justa, ya que el abuso produce obesidad, exceso de colesterol y diabetes, y la falta puede desembocar en malnutrición.

Los alimentos que contienen hidratos de carbono son el grupo más diverso y numeroso. Entre ellos están los cereales, la pasta, la verdura, la fruta, los azúcares y la leche. El cuerpo almacena hidratos de carbono en el hígado y los músculos. Mientras haya reservas, ahorramos proteínas.

Actualmente los nutricionistas recomiendan aumentar la ingesta de hidratos de carbono y limitar la de grasas en la dieta diaria.

 

 

LAS PROTEÍNAS

 

Compuestas de aminoácidos, son necesarias para la nutrición, el crecimiento y la reparación de los tejidos. Constituyen la defensa inmunitaria del organismo contra infecciones o agentes extraños. Se pueden encontrar en todo el cuerpo, ya que toda célula viva está formada de proteínas. Cuando disminuye su cantidad, disminuyen las defensas y el trabajo físico e intelectual se ve afectado.

En niños y adolescentes, la falta de proteínas genera un retraso en el crecimiento y el desarrollo.

Los alimentos que contienen más proteínas son el huevo, la carne, el pescado, las legumbres, los cereales y los frutos secos.

Las necesidades de proteínas están en relación con el peso corporal: son muy altas en los lactantes —que evidentemente toman las proteínas de la leche materna o preparada—, disminuyen en la niñez y aumentan en la pubertad.

 

 

LOS LÍPIDOS O GRASAS

 

Aportan reserva energética, son aislantes térmicos del cuerpo y protegen la piel de numerosos factores externos. Son, por tanto, necesarios. Sin embargo, el abuso de alimentos grasos aumenta considerablemente el valor calórico de la dieta y contribuye a la obesidad y a niveles elevados de colesterol. Por ello es conveniente reducir su ingesta al mínimo.

Existen dos tipos de lípidos: los de origen vegetal, presentes en alimentos como el aguacate, el aceite y los frutos secos; y los de origen animal, que se encuentran en la mantequilla y el tocino.

Es conveniente limitar el consumo de las grasas saturadas porque tienden a subir el colesterol. Estas grasas tienen origen animal y se caracterizan porque se mantienen sólidas a temperatura ambiente.

 

 

LAS VITAMINAS

 

Aparte de los tres tipos de nutrientes anteriores —a los que los nutricionistas llaman nutrientes energéticos—, existen otros no energéticos pero igual de necesarios, entre los que destacan el agua, los minerales y las vitaminas.

Estas últimas no aportan energía al organismo, pero tanto su exceso como su carencia producen grandes alteraciones.

El organismo humano obtiene todas las vitaminas que necesita de su alimentación, siempre que esta sea equilibrada.

 

Principales vitaminas

Vitamina A

Influye en: crecimiento, piel saludable, resistencia a infecciones, esencial para la visión...

Su deficiencia provoca: heridas en la boca y en las encías, caspa, uñas débiles...

Se encuentra en: zanahorias, tomates, espinacas, pasas, ciruelas, albaricoques, judías verdes, perejil, peras, lechuga.

Vitamina B1

Influye en: crecimiento, correcto funcionamiento del sistema nervioso, buen rendimiento de los músculos, del corazón y del cerebro...

Su deficiencia provoca: disminución de la memoria, falta de atención, debilidad muscular, reducción de la capacidad mental, fatiga...

Se encuentra en: arroz integral, judías, lentejas, harina de trigo, levadura, nueces, cacahuetes, avena, pan...

Vitamina B2

Influye en: la regeneración sanguínea, en el hígado, en el trabajo cardiaco, en el aparato ocular...

Su deficiencia provoca: heridas en la boca, afecciones en la piel, inflamación ocular, inflamación de la lengua...

Se encuentra en: aguacate, avellanas, escarola, espinacas, judías blancas, levadura de cerveza, nueces, perejil, plátano, melón...

Vitamina B6

Influye en: formación de hemoglobina y anticuerpos, metabolismo de las proteínas...

Su deficiencia provoca: calambres musculares, eccemas...

Se encuentra en: judías, lentejas, plátano, frutos secos...

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