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NOTRE-DAME

Ken Follett  

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Fragmento

1

2019

La voz al otro lado del teléfono era insistente.

—Estoy en París —dijo—. ¡Enciende la televisión!

Yo estaba en casa, en la cocina, con Barbara, mi esposa. Acabábamos de terminar de cenar. No había bebido vino, afortunadamente. En aquel momento aún no lo sabía, pero iba a ser una noche muy larga.

La voz del teléfono era la de una vieja amiga. Es miembro del Parlamento y ministra de Gabinete, así que ha capeado muchas crisis y es imperturbable, pero parecía impactada.

Ya sabéis qué vimos en la pantalla: la maravillosa catedral de Notre-Dame de París, uno de los mayores logros de la civilización europea, estaba en llamas.

La imagen nos dejó aturdidos y profundamente afectados. Me encontraba al borde de las lágrimas. Algo de un valor incalculable estaba muriendo ante nuestros ojos. Era una sensación desconcertante, como si la tierra hubiera comenzado a temblar.

Conozco bien el edificio. Una Navidad, Barbara y yo asistimos allí a una misa del gallo. La catedral se hallaba atestada de gente. Las luces tenues proyectaban largas sombras en

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