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NUNCA LO OLVIDARáS (RELATO PRECUELA) (TRILOGíA CORAZóN 0)

Elena Montagud  

4


Fragmento

El cliente que está delante de mí no cesa de lanzarme miradas breves cargadas de nerviosismo y preocupación. Esbozo una sonrisa rápida que pretende ser consoladora y vuelvo a posar los ojos en los papeles que tengo ante mí. Doy unos golpecitos en la mesa con el bolígrafo antes de preguntar:

—¿Tienen hijos en común?

—No. Queríamos, pero al final no…

El hombre, que tendrá unos cuarenta años, no termina la frase. Levanto la barbilla para instarlo a continuar y lo miro con afabilidad para hacerle comprender que no es necesario que calle. No obstante, no vuelve a abrir la boca.

—¿Disponen de alguna propiedad más aparte del piso en el que conviven?

—No, qué va. Ya nos cuesta llegar a fin de mes con la hipoteca y los otros gastos…

Guarda silencio otra vez. Recorre con la vista los pocos muebles de mi despacho. En ningún momento me ha mirado a los ojos durante más de unos segundos.

Es el tipo de cliente alterado, preocupado y con miedo. Los que son como él no saben plantear sus dudas y se muestran inquietos durante todo el proceso. No suelen causar problemas, a excepción de cuando empiezan a recular y, entonces, el asunto se hace más difícil. Hay otro tipo de clientes que me provocan cierto disgusto, aunque al final son los que más me gustan por el reto que suponen. Son los seguros, los cínicos, los que pretender arrasar con todo. En ocasiones debo sumarme a esa actitud; en otras, intento hacerles ver lo equivocados que están, lo cual me resulta sumamente complicado porque también son cabezotas.

—¿Ha comentado con su esposa la posibilidad de trabajar con el mismo abogado?

El hombre, que se llama Ernesto, se queda pensativo unos segundos y su rostro adquiere cierta palidez. Hace un rato me ha asegurado que el divorcio ser

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