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PALOMAS DE GUERRA

Paul Preston  

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Fragmento

AGRADECIMIENTOS

Uno de los deberes más gratos al terminar un libro es el de recordar a los amigos y colegas que han ayudado de una forma u otra al autor. Como siempre, sin el apoyo suyo en términos de sugerencias, suministro de documentos y lecturas críticas de distintos borradores, este libro mío habría sido mucho más pobre. También hay muchas personas a quienes quiero agradecer su amable disposición para compartir conmigo sus recuerdos de los personajes principales del libro: Bill Alexander (fallecido), Noreen Branson, Santiago Carrillo, Len Crome (fallecido), Irene Falcón (fallecida), Milt Felsen, Dr. Donald Grant, Avis Hutt, Lou Kenton, Rafa Kenton, Francis K. S. Khoo, Hans Landauer, Gerarda de Orleans-Borbón, Tatiana Orloff-Davidoff, Enrique de Rivas Ibáñez, Rosaleen Ross, Charmian Alaric Russell, Sam Russell, Karl Staff, Ramón Serrano Suñer, Fernando Serrano-Suñer y Polo, Herbert Southworth (fallecido), Margarita Suárez Pazos de Vereterra, Fred Thomas (fallecido) y Sadie Thomas.

También quisiera reconocer mi gran fortuna de tener amigos y colegas que se prestaron a debatir conmigo los distintos problemas del libro y a resolver alguno puntual, a ayudarme a encontrar algún documento y a veces a leer borradores de algunos capítulos. Sus consejos y disposición a hablar de los problemas de investigar las vidas de estas cinco mujeres fueron imprescindibles, y así quiero hacer constar mi deuda con: Alicia Alted, Trinidad Barbero, Nicolás Belmonte, Victor Berch, Rafael Borràs Betriu, Anny Brooksbank Jones, Michael Burke, Peter Carroll, Norman Cooper, Giuliana di Febo, Sheelagh Ellwood, Ana Ena Bordonada, Jerónimo Gonzalo, lord Nicholas Gordon Lennox, Gina Hermann, James Hopkins, Gerald Howson, Amparo Hurtado, Shirley Mangini, Marisa Maldonado Blanco, Aurelio Martín Naquera, Enrique Moradiellos, Mario Ojeda, Kathleen Richmond y Susana Tabera.

Algunos amigos me prestaron una ayuda muy valiosa al buscarme documentos de difícil alcance —Richard Baxell en Moscú, Iván Pliego en México, Michael O’Shaughnessy en Nueva Zelanda y Jim Carmody en Londres—. En este sentido, contraje la más inmensa deuda con Mariano Sanz, un ayudante de investigación sin par, gran historiador y gran detective, que recorrió España incansablemente en busca de documentos perdidos. En Inglaterra, tres amigas en particular tuvieron una aportación impagable. Helen Graham, Angela Jackson y Lala Isla leyeron varios borradores de cada capítulo y sus comentarios siempre fueron muy acertados. Jonathan Gathorne-Hardy me hizo comentarios desde un punto de vista estilístico tan atinados como sumamente útiles. Irene Gonzalo Rose y Jorge Pérez Nistal hicieron maravillas al pasar mi inglés a un castellano comprensible. A mi editora, María Borràs Blancafort, quiero agradecer la sensibilidad e inteligencia con que me ha ayudado constantemente. De hecho, la editorial Plaza & Janés me ha hecho sentir parte de un equipo, y por lo tanto quiero dar las gracias tambien a Juan Pascual y a Nuria Tey por su sólido apoyo en todo momento, y a Maika Quirce y a Alicia Martí por haberse siempre volcado con entusiasmo en mis empresas literarias.

Finalmente, es evidente que en el caso de este libro mi dependencia de los familiares de los protagonistas para tener aceso a sus diarios, cartas, apuntes, memorias inéditas y otros documentos ha sido muy grande, y sin ellos el libro no habría sido posible. Por lo tanto, quiero expresar mi más encarecida gratitud a las siguientes personas: por el capítulo sobre Mercedes Sanz-Bachiller, a la propia Mercedes Sanz-Bachiller y a su hija Mercedes Redondo Sanz-Bachiller; por el capítulo sobre Margarita Nelken, a Margarita Salas de Paúl y Ana de Rivas Salas; por el capítulo sobre Nan Green, a Martin Green y Frances Brouard; por el capítulo sobre Priscilla Scott-Ellis, a Gaynor Heathcoat-Amory, Juan Alfonso de Vilallonga y Carmen Foster de Vilallonga. Todos prodigaron su ayuda facilitándome documento

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