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PANDORA (NUEVAS HISTORIAS DE VAMPIROS 1)

Anne Rice  

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Fragmento

Título original: Pandora

Traducción: Camila Batlles

1.ª edición: septiembre 2005

© 1999, 1998 by Anne O'Brien Rice

© Ediciones B, S.A., 2005

para el sello Zeta Bolsillo

Bailén, 84 - 08009 Barcelona (España)

www.edicionesb.com

Depósito Legal:  B.15607-2012

ISBN EPUB:  978-84-9019-072-2

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DEDICADO A

STAN, CHRISTOPHER Y MICHELE RICE

A

SUZANNE SCOTT QUIROZ

Y

VICTORIA WILSON

 

EN MEMORIA DE

JOHN PRESTON

 

A

LOS IRLANDESES DE NUEVA ORLEANS

QUIENES, EN LA DÉCADA DE 1850,

CONSTRUYERON EN LA CALLE CONSTANCE

LA GRAN IGLESIA DE ST. ALPHONSUS,

LEGÁNDONOS, A TRAVÉS DE LA FE,

LA ARQUITECTURA Y EL ARTE,

UN MONUMENTO ESPLÉNDIDO

 

A

«LA MAGNIFICENCIA DE GRECIA

Y LA GRANDEZA DE ROMA»

 

 

 

De la señora Moore y el eco

en las cuevas de Marabar

 

... pero el eco comenzó a minar de una forma indescriptible su dominio sobre su vida. El eco, que se producía en un momento en que ella se sentía fatigada, había murmurado: «Pathos, piedad, coraje [...], existen, pero son idénticos, al igual que la podredumbre. Todo existe, nada posee valor.»

 

E. M. F ORSTER,

Pasaje a la India

 

 

Vosotros creéis que existe un Dios. Hacéis bien: los demonios también lo creen, y tiemblan.

 

Epístola General de Santiago, 2,19

 

 

Qué ridículo y qué extraño es aquel que se asombra de lo que ocurre en la vida.

 

M ARCO A URELIO,

Meditaciones

 

 

 

 

Otra parte de nuestra misma creencia sostiene que muchas criaturas se condenarán; por ejemplo los ángeles que cayeron en desgracia debido al orgullo y que se convirtieron en demonios; y los hombres de la tierra que mueren alejados de la fe de la santa Iglesia, concretamente los paganos; y también aquellos que están bautizados pero llevan una vida impía, y mueren sin amor; todos ellos se abrasarán en las llamas eternas del infierno, como nos enseña la santa Iglesia. Por consiguiente, me pareció imposible que todo saliera bien, tal como nuestro Señor me estaba demostrando ahora. Yo no tenía una respuesta a esta revelación, salvo ésta: «Lo que a ti te parece imposible, para mí no lo es. Cumpliré mi palabra a rajatabla, y haré que todo salga bien.» Eso fue lo que me reveló la gracia de Dios...

 

J ULIAN DE N ORWICH,

Revelaciones del amor divino

Contenido

Portadilla

Créditos

Dedicatoria

Citas

 

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Promoción

1

No han pasado veinte minutos desde que me dejaste aquí, en el café, desde que respondí «no» a tu petición; jamás escribiría para ti la historia de mi vida mortal, jamás te contaría cómo me había convertido en un vampiro, cómo había conocido a Marius pocos años después de que él hubiera perdido su vida mortal.

Ahora estoy aquí con tu libreta abierta ante mí, utilizando una de las plumas afiladas y eternamente cargadas de tinta que me dejaste, deleitándome con la sensual sensación que me produce contemplar cómo la tinta negra se fija sobre el costoso papel inmaculadamente blanco.

Nada más natural, David, que me dejaras algo elegante, una hoja que invita a ser escrita. Esta libreta encuadernada en cuero negro y acharolado, adornada con suntuosas rosas, sin espinas pero provista de hojas, un diseño que en última instancia significa sólo diseño pero que demuestra una autoridad. Lo que esté escrito debajo de esta recia y bella encuadernación contará, afirma esta cubierta.

Las gruesas hojas tienen unas rayas azul pálido; eres muy práctico, muy meticuloso, y probablemente sabes que ya casi nunca tomo la pluma para escribir.

Hasta el sonido de la pluma posee su encanto, ese sonido rasposo como el de las mejores plumas de ave en la antigua Roma que utilizaba para escribir en un pergamino una carta a mi padre, cuando anotaba en un diario mis lamentaciones... Ah, ese sonido. Lo único que falta aquí es el olor de la tinta, pero tenemos una estupenda pluma de plástico que no se secará hasta dentro de varios volúmenes, con la que trazaré una marca negra tan hermosa y profunda como quiera.

Estoy pensando en tu petición de que escriba mi historia. Creo que acabarás por conseguirlo. Presiento que comienzo a ceder a tus deseos, casi como cuando una de nuestras víctimas humanas se doblega ante nosotros, comprobando, mientras fuera sigue lloviendo, mientras persiste la ruidosa cháchara en el café, que quizás esto no resulte tan traumático como había supuesto —el hecho de remontarme dos mil años—, sino casi un placer, como el beber sangre.

En estos momentos persigo una víctima que no me resultará fácil de vencer: mi pasado. Es posible que esta víctima huya de mí a una velocidad equiparable a la mía. Sea como fuere, busco una víctima a la que jamás me he enfrentado. Existe en ello la emoción de la caza, lo que el mundo moderno llama investigación.

¿Cómo se explica si no el que contemple estos tiempos con tanta nitidez? Tú no me has administrado una poción mágica para estimular mis pensamientos. Para nosotros sólo existe una poción: la sangre.

«Lo recordarás todo», dijiste en cierto momento cuando nos dirigíamos hacia el café.

Tú, que eres tan joven entre nosotros pero que eras tan viejo como mortal, y tan erudito. Quizá sea natural que te hayas empeñado en recopilar nuestras historias.

Pero ¿por qué tratar de explicar aquí esta curiosidad que te devora, este valor frente a la verdad manchada de sangre?

¿Cómo has logrado convencerme de que acceda a remontarme dos mil años exactamente, para referir mis días mortales en la tierra, en Roma, y cómo me uní a Marius, y las escasas probabilidades que tenía de vencer contra la Suerte?

¿Cómo es posible que unos orígenes que han permanecido enterrados durante tanto tiempo, y que siempre me he negado a reconocer, afloren de golpe en mi mente? Se abre una puerta. Brilla una luz. Pasa.

Me reclino en la silla del café.

Sigue leyendo y recibe antes que nadie historias como ésta