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PARQUE JURáSICO (JURASSIC PARK)

Michael Crichton  

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Fragmento



Índice

Parque jurássico

Introducción. «El incidente ingen»

Prólogo. Lo mordedura del raptor

Primera iteración

Casi el paraíso

Puntarenas

La playa

Nueva York

La configuración de los datos

Segunda iteración

La ribera del mar interior

Esqueleto

Cowan, Swan y Ross

Planos

Hammond

Choteau

Una decisión crucial

Aeropuerto

Malcolm

Isla Nubla

Bienvenida

Tercera iteración

Parque Jurásico

Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra

Una visita guiada

Control

Versión 4.4

Control

La visita

Control

Gran Rex

Control

Estegosaurio

Control

Emplazamientos de procreación

Cuarta iteración

El camino principal

El regreso

Nedry

Casa de campo

Tim

Lex

Control

El camino

Control

En el parque

Control

El parque

Al amanecer

El parque

Quinta iteración

Búsqueda

Sector de aves prehistóricas

Tiranosaurio

Control

Sexta iteración

El regreso

La rejilla

El pabellón

Control

Séptima iteración

Destruyendo el mundo

Bajo control

Casi el paradigma

El descenso

Hammond

La playa

Se acerca la oscuridad

Epílogo. San José

Reconocimientos

Notas

Biografía

Créditos

Michael Crichton nació en Chicago en 1942. Cursó estudios en el Harvard College y se doctoró por la Facultad de Medicina de Harvard. Durante esos años, escribió una serie de thrillers con el seudónimo de Jeffrey Hudson, en los que ya destacaban las magníficas dotes de escritor que años después le darían celebridad internacional. En 1969, pasó a formar parte del Salk Institute, en La Jolla (California). Crichton ha sido en las últimas tres décadas uno de los autores estadounidenses de mayor proyección mundial, y todos sus libros recibieron una sensacional acogida de público y crítica. Se le conoce mundialmente como el creador del thriller tecnológico y científico. Entre su ingente obra cabe destacar: Esfera, Congo, El guerrero n.º 13, Un caso de urgencia, El gran robo del tren, Sol naciente, Acoso, Parque jurásico, El mundo perdido, Punto crítico, Rescate en el tiempo, Sol naciente, Presa y Estado de miedo, así como el guión de cine Twister y el libro autobiográfico Viajes y experiencias. Sus libros superan los cien millones de ejemplares vendidos y han sido traducidos a treinta y seis idiomas; doce de ellos han sido llevados al cine. También ha recibido numerosos premios por su trabajo literario, así como por sus obras para el cine y la televisión, entre los que se cuenta un premio Emmy por la serie televisiva Urgencias, creada por él. Falleció en 2008 en Los Ángeles.

www.michaelcrichton.net

Título original: Jurassic Park

Edición en formato digital: julio de 2015

© 1990, Michael Crichton

© 1991, Penguin Random House Grupo Editorial, S. A. U.

Travessera de Gràcia, 47-49. 08021 Barcelona

© Daniel Yagolkolwski, por la traducción

Diseño de portada: Loles Sarget

Fotografía de portada: © Getty Images

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ISBN: 978-84-6633-062-6

Composición digital: M.I. maqueta, S.C.P.

www.megustaleer.com

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MICHAEL CRICHTON

Parque jurásico

Traducción de

Daniel Yagolkolwski

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www.megustaleerebooks.com

Para A-M

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T

Los reptiles son aborrecibles a causa de su cuerpo frío, su color pálido, su esqueleto cartilaginoso, su piel inmunda, su aspecto feroz, su mirada calculadora, su fetidez, su voz áspera, la sordidez de los sitios en los que habitan, y su terrible veneno: he aquí la razón por la que su Creador no ejerció sus poderes para hacer muchos de ellos.

LINNEO, 1797

 

 

No se puede hacer que vuelva atrás una nueva forma de vida.

ERWIN CHARGAFF, 1972

Introducción

«El INCIDENTE INGEN»

El final del siglo XX fue testigo de una «fiebre del oro» científica de asombrosas proporciones: la urgencia precipitada y frenética por comercializar ingeniería genética. Esta empresa avanzó con tanta rapidez, con tanto dinero, con tan pocos comentarios externos, que apenas si se llegan a comprender sus dimensiones y consecuencias.

La biotecnología promete la revolución más grande de la historia humana. Para fines de esta década habrá dejado muy atrás la energía atómica y los ordenadores en cuanto al efecto que habrá de ejercer sobre nuestra vida cotidiana. Como lo expresó un observador, «la biotecnología va a trasformar todos los aspectos de la vida humana: nuestros servicios médicos, nuestra alimentación, nuestra salud, nuestras diversiones, nuestro cuerpo mismo. Nada volverá a ser igual. Literalmente, va a cambiar la faz del planeta».

Pero la revolución biotecnológica difiere de las transformaciones científicas anteriores en tres aspectos importantes.

Primero, está muy difundida. Norteamérica entró en la Era Atómica a través del trabajo de una sola institución investigadora, en Los Álamos. Entró en la Era de los Ordenadores a través de los esfuerzos de alrededor de una docena de compañías. Pero hoy las investigaciones biotecnológicas se llevan a cabo en más de dos mil laboratorios sólo en Norteamérica. Quinientas compañías de gran importancia gastan cinco mil millones anuales en esta tecnología.

Segundo, muchas de las investigaciones son irreflexivas o frívolas. Los esfuerzos por producir truchas más pálidas para que sean más visibles en el río, árboles cuadrados para que sea más fácil cortarlos en tablones y células aromáticas inyectables para que una persona tenga siempre el olor de su perfume favorito pueden parecer una broma, pero no lo son. En verdad, el hecho de que se pueda aplicar la biotecnología a las industrias tradicionalmente sujetas a los vaivenes de la moda, como las de los cosméticos y el tiempo libre, hace que crezca la preocupación por el uso caprichoso de esta poderosa tecnología nueva.

Tercero, no hay control sobre las investigaciones. Nadie las supervisa. No hay legislación federal que las regule. No hay una política estatal coherente ni en Norteamérica ni en parte alguna del mundo. Y, dado que los productos de la biotecnología van desde medicinas hasta nieve artificial, pasando por cultivos mejorados, resulta difícil instrumentar una política inteligente.

Pero más perturbador es el hecho de que no se encuentren voces de alerta entre los científicos mismos. Resulta notable que casi todos los que se dedican a la investigación genética también comercian con la biotecnología. No hay observadores imparciales. Todos tienen intereses en juego.

La comercialización de la biología molecular es el acontecimiento ético más pasmoso de la historia de la ciencia, y tuvo lugar con velocidad desconcertante. En el transcurso de los cuatrocientos años que han transcurrido desde Galileo, la ciencia siempre avanzó en forma de investigación libre y abierta del funcionamiento de la Naturaleza. Los científicos siempre pasaron por alto las fronteras de las naciones, manteniéndose por encima de las preocupaciones transitorias de la política e incluso de las guerras. Los científicos siempre se rebelaron contra la imposición del secreto sobre las investigaciones, y hasta fruncieron el ceño ante la idea de patentar sus descubrimientos, al considerarse a sí mismos trabajadores para el beneficio de toda la humanidad. Y, durante muchas generaciones, los descubrimientos de los científicos gozaron, por cierto, de la cualidad de ser peculiarmente desinteresados.

Cuando, en 1953, dos jóvenes investigadores de Gran Bretaña, James Watson y Francis Crick, descifraron la estructura del ADN, se aclamó su trabajo como un triunfo del espíritu humano, de la búsqueda multisecular para entender el universo de manera científica. Se esperaba, confiadamente, que el descubrimiento de Wat—son y Crick se brindaría desinteresadamente para mayor beneficio de la humanidad.

Sin embargo, eso no ocurrió. Treinta años más tarde, casi todos los colegas científicos de Watson y Crick estaban dedicados a otra clase completamente diferente de proyecto: las investigaciones sobre genética molecular se habían convertido en una vasta empresa comercial que entrañaba muchos miles de millones de dólares, y los orígenes de esta empresa se pueden localizar no en 1953, sino en abril de 1976.

Ésa fue la fecha en la que se celebró una, ahora famosa, reunión en la que Robert Swanson, capitalista de empresas de riesgo, se asoció con Herbert Boyer, bioquímico de la Universidad de California. Los dos hombres acordaron fundar una compañía comercial para explotar las técnicas de fusión de genes desarrolladas por Boyer. La nueva compañía que constituyeron, Genentech, pronto se convirtió en la más grande de las empresas pioneras de ingeniería genética, y la de mayor éxito.

De repente pareció como si todo el mundo quisiera volverse rico. Compañías nuevas se anunciaban con frecuencia casi semanal, y los científicos salían en tropel para explotar las investigaciones genéticas. Para 1986, por lo menos trescientos sesenta y dos científicos (incluidos sesenta y cuatro pertenecientes a la Academia Nacional de Ciencias) figuraban en las juntas de asesoramiento de las empresas dedicadas a la biotecnología. La cantidad de los que gozaban de participación en acciones, o que estaban a cargo de oficinas consultoras, era varias veces mayor.

Es necesario hacer hincapié en cuan importante era, realmente, este cambio de actitud: en el pasado los científicos dedicados a la investigación pura adoptaban un punto de vista esnob en cuanto a la aplicación comercial; consideraban la búsqueda de dinero carente de interés en el aspecto intelectual y sólo apta para tenderos. Y realizar investigaciones para la industria, aun en los prestigiosos laboratorios de la Bell o de IBM, era sólo para aquellos científicos que no habían podido conseguir el nombramiento como profesores en una Universidad. De esta manera, la actitud de los científicos que hacían investigación pura era fundamentalmente crítica hacia el trabajo de los colegas que hacían investigación aplicada, y hacia la industria en general. Su prolongado antagonismo mantuvo a los científicos universitarios libres de lazos contaminantes con la industria y, cada vez que surgía el debate sobre cuestiones tecnológicas, se contaba con científicos imparciales que discutían los temas al más alto nivel.

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