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PENSAR EL SIGLO XX

Tony Judt  

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Fragmento

PRÓLOGO

Este es un libro de historia, una biografía y un tratado de ética.

Es una historia de las ideas políticas modernas en Europa y Estados Unidos. Los temas que trata son el poder y la justicia, tal y como los entendían los intelectuales liberales, socialistas, comunistas, nacionalistas y fascistas desde finales del siglo XIX a principios del XXI. Es también la biografía intelectual del historiador y ensayista Tony Judt, nacido en Londres a mediados del siglo XX, justo después del cataclismo que supusieron la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto y justo cuando los comunistas afianzaban su poder en Europa del Este. Por último, es una reflexión sobre las limitaciones (y la capacidad de renovación) de las ideas políticas y de los fracasos (y deberes) morales de los intelectuales en la política.

En mi opinión, Tony Judt es la única persona capaz de articular un tratado tan amplio sobre la política de las ideas. A partir de 2008, Tony escribió una serie de estudios intensos y polémicos sobre historia francesa, varios ensayos sobre intelectuales y su compromiso, y una magnífica historia de Europa desde 1945 titulada Postguerra. Sus dotes para la moralización y la historiografía encontraron distintas válvulas de escape en breves estudios y extensos y eruditos ensayos, formatos ambos en los que alcanzó casi la perfección. Este libro surgió, sin embargo, porque en un momento determinado de aquel noviembre entendí que Tony no iba a poder escribir más, al menos no en el sentido convencional de la palabra. El día que me di cuenta de que ya no iba a poder usar sus manos le propuse que escribiéramos un libro juntos. La ELA (esclerosis lateral amiotrófica), una enfermedad neurológica degenerativa que provoca una parálisis progresiva y desemboca en una muerte segura y por lo general rápida, había hecho presa en Tony.

Este libro adopta la forma de una larga conversación entre Tony y yo. Todos los jueves, durante aquel invierno, primavera y verano de 2009, yo cogía el tren de las 8.50 de New Haven a la Grand Central Station de Nueva York, y luego el metro hasta el barrio donde Tony vivía con su mujer, Jennifer Homans, y sus hijos, Daniel y Nick. Nuestras reuniones estaban programadas a las once de la mañana; normalmente yo pasaba unos diez minutos en un café para repasar mis pensamientos sobre el tema del día y tomar algunas notas. Me lavaba las manos con agua muy caliente en la cafetería y luego otra vez en el piso de Tony; en su estado, Tony padecía unos catarros terribles, y yo quería poder agarrarle la mano.

Cuando comenzamos nuestra conversación, en enero de 2009, Tony todavía andaba. No podía girar el picaporte para abrir la puerta de su piso, pero podía estar de pie esperando detrás de la puerta para saludarme. Al poco tiempo empezó a recibirme desde un sillón del salón. Llegada la primavera, su nariz y gran parte de su cabeza estaban cubiertas por un aparato respirador mecánico, que hacía el trabajo que sus pulmones ya eran incapaces de hacer. En verano nos reuníamos en su despacho, rodeados de libros, y Tony me miraba desde una imponente silla de ruedas eléctrica. A veces yo manejaba los mandos, dado que evidentemente él no podía. Para entonces, Tony casi no podía mover ninguna parte de su cuerpo, excepto la cabeza, los ojos y las cuerdas vocales. A los efectos de este libro, era suficiente.

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