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PIENSE Y HáGASE RICO

Napoleon Hill  

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Fragmento

Unas palabras del editor estadounidense: en sus manos

tiene uno de los libros más poderosos del mundo

Este libro pondrá en sus manos un plan de eficacia probada que le permitirá hacerse rico. Le enseñará exactamente cómo utilizar ese plan, empezando ¡ya!

¿Qué es lo que hace que un hombre avance durante toda su vida, logrando cosas, ganando, multiplicando sus riquezas y su felicidad, mientras que otros no acaban de salir adelante?

¿Qué es lo que hace que un hombre tenga un gran poder personal y en cambio otro sea un completo inepto? ¿Qué es lo que hace que un hombre sea siempre capaz de elevarse por encima de sus problemas y ver el camino a seguir hasta alcanzar sus sueños más preciados, mientras que otros luchan, fracasan y no llegan a ningún sitio?

Hace años, Napoleon Hill se sentó con Andrew Carnegie, uno de los hombres más ricos del mundo por aquel entonces, y atisbó por primera vez el Gran Secreto. Carnegie le encargó que investigara la forma en que otros empleaban ese Gran Secreto, que estudiara sus métodos e ideara un método común que pudiera ofrecerse al mundo como plan maestro.

Piense y hágase rico revela este Secreto, proporciona el Plan. Desde su publicación en 1937, las cuarenta y dos ediciones que se han publicado se han agotado tan pronto han salido a la venta. La presente edición se ha actualizado con nuevos elementos especiales de ayuda, incluyendo un resumen al final de cada capítulo para refrescar los puntos más importantes.

Al fin tenemos aquí el único método seguro y eficaz de superar todos los obstáculos, de alcanzar cualquier cosa que ambicionemos, de suministrar éxito como si brotara de un río inagotable. Este libro está a punto de sacudirle con su gran poder para transformar su vida. Pronto sabrá por qué ciertas personas consiguen el dinero y la felicidad en tan grandes cantidades... porque usted será una de ellas.

Prefacio del autor

En cada capítulo de este libro, que ha hecho fortunas para centenares de hombres extraordinariamente ricos a quienes he analizado de manera exhaustiva durante muchísimos años, se habla del secreto de cómo hacer dinero.

El secreto me lo señaló Andrew Carnegie, hace más de medio siglo. El viejo escocés, sagaz y encantador, me lo espetó sin miramientos cuando yo era un niño apenas. Luego se repantigó en la silla, con un destello de alegría en los ojos, y me miró detenidamente para ver si había comprendido plenamente el significado de lo que me acababa de decir.

Al ver que había captado la idea, me preguntó si estaría dispuesto a pasarme veinte años o más preparándome para ofrecérselo al mundo, a hombres y mujeres que, sin ese secreto, podían llevar una vida de fracasos. Le respondí que sí, y con la ayuda del señor Carnegie, he mantenido mi promesa.

Este libro contiene ese secreto, puesto a prueba por centenares de personas de casi todas las clases sociales. Fue idea del señor Carnegie que esta fórmula mágica, que le proporcionó una fortuna estupenda, debía ponerse al alcance de la gente que no tiene tiempo para investigar cómo ganan los hombres el dinero, y fue su deseo que yo pusiera a prueba y demostrara la eficacia de la fórmula a través de la experiencia de hombres y mujeres de todas las extracciones. Él opinaba que la fórmula debía enseñarse en todas las escuelas y universidades públicas, y expresaba la opinión de que, si se enseñaba de forma adecuada, revolucionaría el sistema educativo hasta tal punto que el tiempo que pasamos en la escuela se vería reducido a menos de la mitad.

En el capítulo sobre la fe, usted leerá la sorprendente historia de la organización de la gigantesca United States Steel Corporation, tal como fue concebida y llevada a cabo por uno de los jóvenes por medio de los que el señor Carnegie demostró que su fórmula funcionaría con todo el que estuviera preparado para ella. Esta sola aplicación del secreto, ejecutada por Charles M. Schwab, le dio una fortuna inmensa, tanto en dinero como en oportunidades. En pocas palabras, esa particular aplicación de la fórmula le valió seiscientos millones de dólares.

Estos hechos, bien sabidos por la mayoría de las personas que conocieron al señor Carnegie, dan una idea bastante cabal de lo que la lectura de este libro puede reportarle, suponiendo que usted sepa qué es lo que quiere.

El secreto fue revelado a centenares de hombres y mujeres que lo han empleado para su beneficio personal, tal como el señor Carnegie había planeado. Algunos han hecho fortunas con él. Otros lo han aplicado con éxito para crear la armonía en su hogar. Un sacerdote lo empleó con tal eficacia que le reportó unos ingresos de más de 75.000 dólares anuales.

Arthur Nash, un sastre de Cincinnati, usó su negocio casi en bancarrota como conejillo de indias para poner a prueba la fórmula. El negocio resurgió y permitió a su dueño hacer una fortuna. Todavía continúa prosperando, aunque el señor Nash se haya ido. El experimento resultó tan sorprendente que los periódicos y las revistas le hicieron publicidad muy elogiosa por valor de más de un millón de dólares.

El secreto fue revelado a Stuart Austin Wier, de Dallas, Texas. Él estaba preparado para recibirlo, hasta el punto de abandonar su profesión y ponerse a estudiar Derecho. ¿Que si tuvo éxito? También relatamos esa historia.

Cuando trabajaba como director de publicidad de LaSalle Extension University (Universidad a distancia LaSalle), que entonces era apenas algo más que un nombre, tuve el privilegio de ver cómo J. G. Chapline, presidente de la universidad, usaba la fórmula con tanta eficacia que hizo de LaSalle una de las universidades a distancia más importantes del país.

El secreto al que me refiero es mencionado no menos de un centenar de veces a lo largo de este libro. No se lo nombra directamente, ya que parece funcionar con más éxito cuando la persona está preparada, pues en ese momento se le aparecerá con total claridad. Por eso, el señor Carnegie me lo señaló de forma tan discreta, sin darme su nombre específico.

Si usted está preparado para ponerlo en práctica, reconocerá este secreto al menos una vez en cada capítulo. Me gustaría tener el privilegio de decirle cómo sabrá si está preparado, pero eso le privaría de muchos de los beneficios que recibirá cuando haga el descubrimiento según su propio criterio.

Si usted ha estado desanimado o ha tenido que superar dificultades extraordinarias, si ha probado y ha fracasado, si se ha visto disminuido por la enfermedad o por defectos físicos, la historia del descubrimiento de mi hijo y la aplicación de la fórmula Carnegie pueden demostrarle que en el Desierto de la Esperanza Perdida existe el oasis que usted ha estado buscando.

Este secreto fue utilizado por el presidente Woodrow Wilson durante la Primera Guerra Mundial. Fue revelado a cada soldado que luchó en el frente, cuidadosamente disimulado en el entrenamiento que recibieron antes de ir a luchar. El presidente Wilson me dijo que ése fue un factor importante en la obtención de los fondos necesarios para la guerra.

Una característica peculiar de este secreto es que quienes lo adquieren y lo emplean se ven literalmente arrastrados hacia el éxito. Si usted lo duda, lea los nombres de quienes lo han puesto en práctica, donde sea que se mencionen; constate usted mismo sus logros y convénzase.

¡Nunca obtendrá nada a cambio de nada!

El secreto al que me refiero no se puede obtener sin pagar un precio, aunque éste sea muy inferior a su valor. No pueden alcanzarlo a ningún precio aquellos que no lo estén buscando intencionadamente. Es imposible conocerlo a la ligera, y no se puede comprar con dinero, porque viene en dos partes. Una de ellas está ya en posesión de quienes se encuentran preparados

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