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PROPIOS Y EXTRAñOS

Anne Tyler  

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Fragmento

1

A las ocho de la noche el aeropuerto de Baltimore estaba casi desierto. Los anchos y grises pasillos estaban vacíos, los quioscos estaban a oscuras y las cafeterías, cerradas. La mayoría de las puertas de embarque no tenía más vuelos programados; las pantallas de información estaban apagadas, y las hileras de sillas de plástico, desocupadas, ofrecían un aspecto fantasmal.

Pero se oía un lejano zumbido, un murmullo nervioso, al fondo de la sala de embarque D. Una niña, sobreexcitada, jugaba a girar sobre sí misma hasta marearse en medio del pasillo, y entonces apareció un adulto que la levantó en brazos y se la llevó —la niña no paraba de reír y retorcerse— a la zona de descanso. Y una mujer con un vestido amarillo, que al parecer llegaba tarde, corrió hacia la puerta de embarque con un ramo de rosas en los brazos.

Si te acercabas un poco más y doblabas la esquina que formaba el pasillo, te encontrabas ante lo que parecía una gigantesca fiesta con motivo del nacimiento de un niño. Toda la zona de descanso del vuelo procedente de San Francisco estaba abarrotada de gente que llevaba regalos envueltos con papel rosa y azul, o que sujetaba racimos de globos plateados con inscripciones que rezaban ¡ES UNA NIÑA! y de los que colgaban espirales de cinta rosa. Un hombre agarraba el asa de mimbre de un moisés con ruedas y faldones como si planeara subirlo al avión, y una mujer montaba guardia junto a una sillita de paseo con tantos adornos metálicos y tan llena de palancas que parecía capaz de participar en la carrera de Indianápolis. Al menos media docena de personas empuñaba cámaras de vídeo, y otras muchas llevaban cámaras fotográficas colgadas del cuello. Una mujer hablaba con los labios pegados a una grabadora, con tono apremiante y confidencial. El hombre que estaba a su lado cargaba con un asiento infantil de coche con tapizado de velvetón.

MAMÁ, rezaba la chapa que llevaba la mujer en la solapa, una de esas chapas plastificadas como las que se ven en los años de elecciones. Y la del hombre rezaba PAPÁ. Era una pareja atractiva, no tan joven como sería de esperar. La mujer llevaba unos pantalones negros, holgados, y una camiseta blanca y negra, moderna, con un estampado geométrico, y tenía el cabello entrecano y corto. El hombre era un tipo corpulento, sonriente y jovial; llev

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