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PSICOHIGIENE

Javier Urra  

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Fragmento

Índice

Portadilla

Índice

Dedicatoria

Cita

Prólogo

Nota del autor

Introducción

Primera parte. Psicohigiene

Capítulo 1. ¿Por qué, para qué y cómo promover la psicohigiene?

Capítulo 2. Más psicohigiene y más moral

Segunda parte. Pensamientos y sentimientos

Capítulo 3. Sentir hondo, hablar claro, mirar alto

Capítulo 4. Ecología del pensamiento

Capítulo 5. Vida social de los sentimientos

Tercera parte. Bienestar

Capítulo 6. Equilibrio emocional

Capítulo 7. Optimismo y humor (necesariamente inteligente)

Capítulo 8. Movimiento, creatividad, libertad

Capítulo 9. Una mirada hacia Oriente

Capítulo 10. Relativizar, dejar fluir

Cuarta parte. Vida saludable

Capítulo 11. Espacios de ocio, laborales y de intimidad

Capítulo 12. Cultura, deporte, alimentación, belleza y naturaleza

Capítulo 13. Épica de lo cotidiano

Capítulo 14. Aprendiendo a convivir con la incertidumbre

Capítulo 15. Provocando el mañana

Capítulo 16. Cosechando sueños

Quinta parte. El juego de la existencia

Capítulo 17. Latidos de trascendencia

Capítulo 18. Lenguaje interior

Capítulo 19. Compartiendo el silencio

Capítulo 20. Tiempo al tiempo

Sexta parte. Al borde de la intemperie

Capítulo 21. Fracasos, frustraciones y derrotas. Sus posibles enseñanzas

Capítulo 22. Fortalezas para afrontar los hechos traumáticos

Capítulo 23. Reinventarnos desde la resiliencia

Capítulo 24. La esperanza como obligación ética

Anexos

Anexo I. Algunas reflexiones para compartir

Anexo II. Origen biopsicosocial del sufrimiento humano

Anexo III. Algunos síndromes, trastornos y terapias

Anexo IV. TRauma (test de resistencia al trauma)

Anexo V. Tipologías familiares

Anexo VI. Psicopatología social que afecta a niños y jóvenes

Anexo VII. Enseñar a los niños a convivir en la duda, la incertidumbre, el conflicto y la ruptura, a afrontar las crisis y a rehacer la propia biografía y psicohistoria

Anexo VIII. Enriqueciendo la psicohigiene

Bibliografía

Índice temático

Sobre el autor

Créditos

Grupo Santillana

 

 

 

 

A mis maestros:

 

Beristain, Antonio

Fernández-Aller, Plácido

Gayarre, Carmen

Gabaráin, Cesáreo

Mayor Zaragoza, Federico

Miret Magdalena, Enrique

Nogaledo, Santiago

Pinillos, José Luis

Rivière, Ángel

Ruiz-Giménez, Joaquín

 

Siempre gracias.

 

 

 

 

La vida es una oportunidad, aprovéchala.

(...)

La vida es un sueño, hazlo realidad.

La vida es un reto, afróntalo.

(...)

La vida es tristeza, sopórtalo.

(...)

Porque la vida es la vida, vívela.

 

Madre Teresa de Calcuta

Prólogo

La Organización Mundial de la Salud (OMS)

reconoce como elemento de salud

el bienestar psicológico.

 

 

Hace ya muchas décadas que la Organización Mundial de la Salud definió la salud como «un estado de bienestar físico, mental y social, y no solo la ausencia de enfermedades». A partir de entonces, al viejo modelo de salud (modelo patogénico), que solamente perseguía curar o evitar la aparición de enfermedades, lo sustituyó un modelo nuevo (modelo salutogénico), que no solo pretende lo anterior, sino que además busca unos niveles de bienestar más allá de la ausencia de enfermedades.

La distinción entre personas sanas o enfermas quedó transformada por la de personas más sanas o menos sanas. El objetivo ya no es combatir o prevenir la enfermedad, sino, además, lograr unos mayores niveles de salud física, mental y social. No se trata de cambiar las cosas de nombre, sino que este concepto implica importantes consecuencias. Por ejemplo, desde la perspectiva anterior, se aconsejó dejar de fumar a las personas que padecían alguna enfermedad respiratoria; después también se recomendó para prevenir enfermedades como el cáncer de pulmón, pero desde esta nueva perspectiva también se considera que las personas que no fuman conseguirán, además, sentirse en mejor forma física, libres de dependencias y condicionamientos; en definitiva, más sanos.

Este nuevo concepto de salud ha ido calando poco a poco en nuestra sociedad y todo el mundo comprende que el embarazo no es una enfermedad, pero que es beneficioso que las mujeres embarazadas estén controladas por un médico para cuidar particularmente de su salud. Nadie niega los beneficios para la salud de llevar una vida sana.

Hacer ejercicio físico habitualmente no es solo algo útil para las personas, por ejemplo, que padecen enfermedades cardiovasculares, sino que también es beneficioso para prevenir el exceso de glucosa o de colesterol en la sangre o la tendencia a la depresión. Pero es que además, y al margen de lo anterior, nos hará sentirnos mejor en todos los aspectos. En este sentido, la higiene mental no solamente colabora a mejorar la evolución de los trastornos mentales o a evitar su aparición, sino que además nos ayuda a tener un mayor nivel de bienestar mental.

A lo largo de las páginas de este libro, Javier Urra nos enseña a cuidar mejor nuestra salud mental, no solo a prevenir la aparición de trastornos mentales, sino, tal como él mismo dice, «a vivir mejor nuestra vida». Nos habla de la importancia del amor, de la amistad, del trabajo, de la cultura, de la estética, de la vanidad, de la ética y de la libertad.

Nos describe la relación entre pensamientos y sentimientos, la utilidad para el equilibrio emocional de saber desdramatizar y relativizar, de aprender a vivir con las incertidumbres normales de la vida, de ser auténticos, de no engañarnos a nosotros mismos y de saber perdonar y, tal como puntualiza, de dejarse perdonar.

Explica la utilidad de llevar un estilo de vida saludable, de saber envejecer, relajarse, meditar y afrontar las adversidades. En un anexo incluye el Test de Resistencia al Trauma (TRauma), del que es autor. También nos describe los nuevos trastornos incluidos en el recién editado Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5), libro de referencia para psicólogos y psiquiatras, y otros que no están presentes en dicho manual, algunos propios de otras culturas o relacionados con el nuevo desarrollo tecnológico.

En un anexo, describe las distintas tipologías familiares y en otro anexo concreta más de ciento cincuenta males de nuestra sociedad que favorecen la aparición y desarrollo de fenómenos psicopatológicos. También nos habla de la importante necesidad de que los niños reciban una educación emocional, asignatura pendiente de nuestro sistema pedagógico, que sería de mayor utilidad práctica que muchos otros conocimientos.

Javier Urra nos ayuda con multitud de ideas y reflexiones propias y ajenas, hasta el punto de obligar al lector a detenerse por un momento a meditar. Utiliza ejemplos de la vida cotidiana salpicados con ese sentido del humor que le parece tan saludable, como cuando afirma que «El sexo se asemeja a muchos programas de televisión: cinco minutos de acción y quince de publicidad. Defiende la utilidad del optimismo diciendo: «Dejemos el pesimismo para tiempos peores».

La exposición siempre es sintética y clara, sencilla, que no simple. Totalmente cercano al lector, parece querer acercarse a él para poder ayudarle echándole una mano. El libro refleja no solo ciencia, sino también sabiduría, sensatez, madurez y humanidad. Su lectura ayuda a aproximarse a esa felicidad verdadera que, como él mismo dice, «no se encuentra, se crea».

 

Javier de las Heras

Nota del autor

Que la psicohigiene incluye desde la humildad, el optimismo musculado y la felicidad agradecida.

No querer llegar a todo, ni vivir tres vidas en una. Domesticar el tiempo cronológico y el psicológico.

Buscar el equilibrio, la armonía. Fortalecer la coherencia y la congruencia.

Dotar la existencia de sentido. Ponerle pasión a la vida. Ilusionarse día a día. Comprometerse.

Pensar y sentir, sentir y pensar. Compartir sonrisas. Llorar ante una lágrima.

Mimar la amistad, conversar, un vino.

Relativizar la importancia de los acontecimientos. Aceptar los reveses vitales. Asumir que la esperanza es una obligación ética.

Mantener el contacto con la naturaleza. Jugar (distinto a apostar). Practicar deporte.

Crear. Apreciar y disfrutar con la belleza natural y la proveniente del ser humano.

Gustar de la austeridad.

Vibrar con el arte.

Cuidar del espíritu, del alma.

Aceptar nuestras muchas limitaciones. Interiorizar que el mundo no gira alrededor de nosotros.

Disfrutar de una agradable tertulia de sobremesa.

Ser conscientes de que el azar o el Creador jugó a favor de nuestra existencia. Que heredamos todo de quienes nos antecedieron, y que se lo debemos a quienes nos continuarán.

Apreciar que nuestra sociabilidad e independencia; lenguaje, comunicación y silencio; memoria y olvido; capacidad de anticipación; posibilidad de reír y de llorar, de captar y plantearnos dilemas, de formularnos preguntas sin respuestas, nos conduce a un punto de insatisfacción permanente.

Partiendo de que nadie ha dicho que la vida sea justa, comprensible, interiorizada ni realmente vivida. Somos conscientes de que formamos parte de los demás y de que los otros nos constituyen.

Efímera e inaprensible, así es nuestra existencia, que entreteje el dolor y la felicidad, el sufrimiento y el bienestar, el nacimiento y la pérdida, el deseo y la frustración.

Cuidar y cuidarnos física y emocionalmente, este es el reto de la convivencia. Piel con piel con nuestros seres queridos, en con-tacto con quienes nos rodean, sin olvidar a quienes en otras latitudes, tradiciones y culturas comparten los mismos latidos de la evolución de nuestra especie.

Y siempre mirando al universo, escuchando cualquier mensaje que nos pueda llegar de otro espacio-tiempo. Consternados ante nuestra manifiesta limitación, pero no insignificancia.

Captar un gesto, un aroma, un matiz, inaprensibles. Recordar aquel instante. Imaginar, intuir, soñar, en un posible mañana.

Construirse, autoeducarse, reinventarse, mejorarse, gustarse. Restañar heridas. Afincarse en la generosidad. Contestarse: «¡Mereció la pena!».

Anticipar que quedarán cabos sueltos, que siempre será inconcluso, que nos iremos sin saber ni adónde, ni por qué, como vinimos.

Alcanzar a despedirse serenamente, habiendo aprendido a&nb

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