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¿QUé ESTáS MIRANDO? 150 AñOS DE ARTE MODERNO EN UN ABRIR Y CERRAR DE OJOS

Will Gompertz  

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Fragmento

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LISTA DE ILUSTRACIONES

BLANCO Y NEGRO

Dibujos de Pablo Helguera

1. Marcel Duchamp, Fuente (1917), réplica (1964)

2. Gustave Courbet, El origen del mundo (1866)

3. Édouard Manet, Almuerzo en la hierba (1863)

4. Utagawa Hiroshige, Estación de Otsu (ca. 1848-1849)

5. Edgar Degas, La clase de danza (1874)

6. Vincent van Gogh, Los comedores de patatas (1885)

7. Auguste Rodin, El beso (1901-1904)

8. Constantin Brancusi, El beso (1907-1908)

9. Alberto Giacometti, Hombre caminando I (1960)

10. El Greco, La apertura del quinto sello (1608-1614)

11. Georges Braque, Violín y paleta (1909)

12. Pablo Picasso, Ma Jolie (1911-1912)

13. Giacomo Balla, Dinamismo de perro con correa (1912)

14. Umberto Boccioni, Formas únicas de continuidad en el espacio (1913)

15. Kazimir Malévich, Cuadrado negro (1915)

16. Vladimir Tatlin, Contrarrelieve de esquina (1914-1915)

17. Vladimir Tatlin, Monumento a la Tercera Internacional (Torre), (1919-1920)

18. Marcel Breuer, Silla B3/Wassily (1925)

19. Walter Gropius, Bauhaus, Dessau (1926)

20. Kurt Schwitters, Merzbau (1933)

21. Louise Bourgeois, Mamá (1999)

22. Jeff Koons, Puppy (1992)

23. Pablo Picasso, Los tres bailarines (1925)

24. René Magritte, El asesino amenazado (1927)

25. Man Ray, La primacía de la materia sobre el pensamiento (1929)

26. Hans Namuth, Jackson Pollock pintando Autumn Rythm: n.º 30 (1950)

27. Eduardo Paolozzi, Yo era el juguete de un rico (1947)

28. Michelangelo Pistoletto, La Venus de los harapos (1967)

29. Dan Flavin, Monumento a V. Tatlin (1964)

30. Sol LeWitt, Proyecto en serie I (ABCD) (1966)

31. Cindy Sherman, Fotograma sin título n.º 21 (1978)

32. Jeff Wall, Habitación destrozada (1978)

33. Eugène Delacroix, La muerte de Sardanápalo (1827)

34. Jeff Wall, Imitar (1982)

35. Damien Hirst, Hace mil años (1990)

36. Damien Hirst, La imposibilidad física de la muerte en la mente de un ser vivo (1991)

37. Jeff Koons, Hecho en el cielo (1989)

38. Ai Weiwei, Caída de una urna de la dinastía Han (1995)

39. Banksy, Criada barriendo (2006)

COLOR

1. Eugène Delacroix, La Libertad guiando al pueblo (1830)

2. Édouard Manet, Olimpia (1863)

3. J. M. W. Turner, Lluvia, humo y velocidad (1844)

4. Claude Monet, Impresión: sol naciente (1872)

5. Vincent van Gogh, Noche estrellada (1889)

6. Paul Gauguin, Visión después del sermón: Jacob luchando con el Ángel (1888)

7. Georges Seurat, Tarde de domingo en la isla Grande Jatte (1884-1886)

8. Rueda de colores

9. Paul Cézanne, Naturaleza muerta con manzanas y melocotones (1905)

10. Paul Cézanne, Montaña de Sainte-Victoire (ca. 1887)

11. Henri Matisse, La alegría de vivir (1905-1906)

12. Henri Rousseau, León hambriento atacando a un antílope (1905)

13. Pablo Picasso, Las señoritas de Aviñón (1907)

14. Umberto Boccioni, Estados de la mente I: Las despedidas (1911)

15. Wassily Kandinsky, Composición VII (1913)

16. El Lissitzky, Golpead a los blancos con la cuña roja (1919)

17. Liubov Popova, Modelo de un vestido (1923-1924)

18. Piet Mondrian, Composición C (n.º III), con rojo, amarillo y azul (1935)

19. Gerrit Rietveld, Silla roja-azul (ca. 1923)

20. Joan Miró, El carnaval de arlequín (1924-1925)

21. Frida Kahlo, El sueño (1940)

22. Willem de Kooning, Mujer I (1950-1952)

23. Mark Rothko, Ocre (Ocre, rojo sobre rojo) (1954)

24. Robert Rauschenberg, Monograma (1955-1959)

25. Andy Warhol, Díptico de Marilyn (1962)

26. Roy Lichtenstein, Whaam! (1963)

27. Donald Judd, Sin título (1972)

28. Sarah Lucas, Dos huevos fritos y un kebab (1992)

29. Tracey Emin, Todos con los que me he acostado, 1963-1995 (1995)

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PRÓLOGO

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«El texto es incomprensible: debe tratarse del catálogo de una exposición.»

Hay muchos libros excelentes sobre historia del arte que cubren el periodo moderno, desde el clásico de E. H. Gombrich La historia del arte hasta el ensayo de Robert Hughes El impacto de lo nuevo (tan combativo como instructivo). No pretendo competir con tales obras (tampoco podría), sino ofrecer algo distinto: un libro personal, de anécdotas e informativo, que narre cronológicamente la historia del arte moderno desde el impresionismo hasta nuestra época, ya que por razones de espacio y tiempo no resulta posible hablar de todos los artistas implicados en cada uno de los diferentes movimientos.

Mi cometido ha sido escribir un libro repleto de información y vivaz, no una obra académica. No hay notas a pie de página ni largas listas de bibliografía o fuentes e incluso, de cuando en cuando, me dejo llevar por la fantasía: por ejemplo, imaginando una escena en la que los impresionistas se encuentran en un café o en la que Picasso es el anfitrión de un banquete. Estas escenas se basan en lo que otros han contado (los impresionistas se reunían en un café concreto y Picasso celebró algún banquete), pero ciertos detalles de las conversaciones son imaginarios.

La inspiración para escribir este libro surgió de una intervención mía en el Fringe Festival de Edimburgo en 2009. Antes había escrito un artículo para The Guardian en el que investigué acerca de cómo las técnicas de la stand-up comedy podían servir para explicar el arte moderno de un modo que resultara atractivo y claro. Para poner en práctica mi teoría, me apunté a un curso de monólogos y luego presenté en el Fringe un espectáculo que se llamaba Double Art History. Parecía que funcionaba: el público a veces se reía, participaba y, a juzgar por los resultados del «examen» al que lo sometía al final, aprendía bastante sobre arte moderno.

Sin embargo, no volveré a la comedia. Abordo el arte moderno en tanto periodista y presentador televisivo. El gran escritor David Foster Wallace comparaba sus escritos de no ficción con una empresa de servicios en la que a una persona que tiene una inteligencia razonable se le daba la posibilidad de investigar sobre asuntos en los que la mayoría de la gente no tiene tiempo de detenerse. Espero, aunque sea a pequeña escala, poder proporcionar esa clase de ayuda al lector.

Dispongo, además, del beneficio que da la experiencia, después de haber pasado la última década trabajando en el extraño y fascinante mundo del arte moderno. Fui director de la Tate Gallery durante siete años y, a lo largo de ese tiempo, visité los mejores museos del mundo y las colecciones menos conocidas que no aparecen en los recorridos turísticos más célebres. He estado en las casas de muchos artistas y he examinado las colecciones privadas de los ricos, he visitado talleres de conservación y he sido espectador de subastas millonarias de arte contemporáneo. Empecé sin tener ni idea y ahora sé algo. Me queda mucho por aprender, pero espero que aquello de lo que me he empapado y que transmito sea útil, de algún modo, para aumentar la sensibilidad y los conocimientos del lector sobre el arte moderno. He descubierto que es uno de los mayores placeres que se pueden encontrar en la vida.

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INTRODUCCIÓN

¿QUÉ ESTÁS MIRANDO?

En 1972 la Tate Gallery de Londres compró una escultura llamada Equivalent VIII, de Carl Andre, un artista minimalista estadounidense. Obra de 1966, estaba compuesta por ciento veinte ladrillos refractarios que, unidos según las instrucciones del artista, formaban un rectángulo de dos ladrillos de altura. Cuando la Tate la exhibió a mediados de los década de 1970, suscitó cierta polémica.

Aquellos ladrillos de color claro no tenían nada del otro jueves: cualquiera podría haber comprado cada una de las piezas por unos pocos peniques. La Tate Gallery pagó dos mil libras por ellos. Los periódicos pusieron el grito en el cielo: «¡Malgastan el dinero del Estado en un montón de ladrillos!». Hasta el Burlington Magazine, una respetable publicación periódica dedicada al arte, se preguntó: «¿Se han vuelto locos en la Tate?». ¿Por qué —se preguntaba una publicación— había dilapidado la Tate el precioso dinero público en algo que «se le podría haber ocurrido a cualquier albañil»?

Aproximadamente treinta años después la Tate volvió a comprar una obra de arte poco común. Esta vez decidieron adquirir una fila de personas. Realmente, esto no es así. No compraron a la gente per se (hoy en día eso es ilegal), sino que compraron la fila. Para decirlo con más precisión, un trozo de papel en el que el artista eslovaco Roman Ondák había escrito las instrucciones para una performance que consistía en contratar a un grupo de actores para que formaran una fila. Se especificaba en dicho papel que los actores creaban una fila artificial ante una puerta o dentro de una exposición de arte. Una vez en formación, o «instalados» en lenguaje artístico, tenían que adoptar un aire de paciente expectación, como si estuvieran esperando que algo fuera a suceder. La idea era que su presencia provocaría intriga y atracción en los que pasearan por allí y que, a su vez, podían sumarse a la fila (cosa que, por lo que pude ver, hacían a menudo) o caminar junto a ellos, con el ceño fruncido por la perplejidad y la concentración, preguntándose qué era aquello de lo que no se estaban enterando.

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«Cariño, “poco original” no es un término muy apropiado.»

Es una idea magnífica, pero ¿es arte? Si un albañil podía ser capaz de producir el Equivalent VIII de Carl Andre, también podríamos considerar la parodia de fila de Ondák como una broma de las que se ven en Jackass[1]. Lo lógico era que los medios de comunicación se volvieran locos.

Sin embargo, no se levantó ni un murmullo: ni crítica, ni indignación, ni siquiera unos cuantos titulares mordaces por parte de los más agudos miembros de la prensa amarilla: nada. La única cobertura que se le dio a la adquisición fueron un par de frases laudatorias en los medios artísticos más consagrados al mercado del arte. ¿Qué había pasado en el transcurso de estos treinta años? ¿Qué había cambiado? ¿Por qué el arte moderno había pasado de ser visto por lo general como un chiste de mal gusto a convertirse en algo respetado y reverenciado en el mundo entero?

Algo tiene que ver el dinero en esto. En las últimas décadas, en el mundo del arte había entrado una buena cantidad de efectivo. Se habían gastado con generosidad grandes sumas de fondos públicos para poner al día museos anticuados y construir otros nuevos. La caída del comunismo y la liberalización de los mercados condujeron a la globalización y al surgimiento de una clase de megarricos internacional, y al arte en su inversión favorita. Mientras los mercados bursátiles caían en picado y los bancos quebraban, el valor del top-ten del arte moderno no hacía sino crecer, al igual que el número de gente que acudía a este mercado. Hace unos años, la casa de subastas internacional Sotheby’s afirmó que para una de sus mayores subastas de arte moderno tenía clientes interesados de tres países distintos representados en la sala. Hoy en día son cuarenta los clientes, entre los que se cuentan coleccionistas nuevos y ricos procedentes de países de Sudamérica, de China o la India. Esto significa que la economía de mercado ha entrado en el juego: es un caso de oferta y demanda y la segunda sobrepasa a la primera. La cotización de obras de célebres artistas muertos (y por tanto ya improductivos), como Picasso, Warhol, Pollock y Giacometti, continúa subiendo sin parar.

El precio lo ponen los banqueros solventes y los oligarcas que operan en la sombra, así com

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