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REBECA Y JULIETA

Olga Palma Ocaña   Vanessa Alós Martín  

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Fragmento

1.1 Rebeca — La entrevista

Al abrir un día más la puerta de marco negro y centro acristalado, sentí aquel olor a chocolate que emanaba de los bombones, pasteles y creaciones que teníamos expuestos en la pastelería. El sonido de las bisagras de la puerta me recordaba que había llegado a mi lugar de trabajo y que, por mucho olor a cacao que hubiera, tenía una dura semana por delante. Además, sabía que el aroma a chocolate no me la iba a hacer más dulce.

Esa semana, acompañada de mi jefe, tenía la misión de encontrar a la candidata perfecta para formar parte del Departamento Comercial y de Encargos Especiales conmigo. Todas mis esperanzas estaban puestas en los candidatos, porque ya no podía más con toda la montaña de trabajo que tenía por delante. Pero, después de haber hecho siete entrevistas y haber probado a más de seis candidatas para ese puesto sin obtener buenos resultados, encontrar a la persona adecuada en la nueva candidata era la única esperanza de afrontar la siguiente semana de manera más dulce, por mucho azúcar y chocolate que me rodearan diariamente.

Mi dulce rincón del mundo estaba en la Pastelería Balasch, lugar emblemático en Barcelona donde los haya. La filosofía de mi lugar de trabajo se basaba, como siempre, en ilusionar, sorprender y crear momentos únicos e irrepetibles. Y lo lográbamos desde el momento en que se cruzaba el umbral hasta el instante en que, con una cuchara o con tenedor y cuchillo, se tenía la oportunidad de probar el sabor de la fantasía creada por los artesanos reposteros, siempre hecha con los mejores ingredientes.

Durante mi tiempo en ese templo del sabor y el chocolate, fue todo un lujo poder conocer los entresijos de cada una de las creaciones que daban forma a las ilusiones de las personas. Mi misión era escuchar a cada uno de los clientes que quería hacer un evento, fiesta o momento inolvidable y darles forma a sus ideas de la manera más única, creativa y dulce posible de la mano del gran equipo con el que trabajaba allí.

Aquella mañana me tocaba estar con Andreu para la entrevista con la nueva candidata. Estaba expectante e ilusionada a la par.

—Andreu, te recuerdo que a las once y media tenemos la entrevista con esta chica. ¿Podrás estar? ¿Has podido mirar su currículum?

—Sí, lo miré ayer y me dio buena sensación. Se llama Julia, ¿verdad?

—No, Julieta. Como la

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