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ÓSCAR Y LAS MUJERES (EPISODIO 4)

Santiago Roncagliolo  

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Fragmento

 

—¡Dormitorio Gustavo Adolfo, toma veintidós! ¡Silencio! ¡Grabando!

El barullo de actores y técnicos cesó de inmediato. Sin embargo, desde su asiento en un rincón, Óscar siguió escuchando un ruido pesado, como un motor viejo haciendo esfuerzos por arrancar. Era la respiración de Marco Aurelio Pesantes, que presenciaba la grabación sentado a su lado. Óscar supuso que nadie más podía escucharla, o bien que nadie se atrevía a pedirle al productor que dejase de respirar.

—OK, ahí voy. OK? —dijo Grace Lamorna, de pie en medio de la escenografía mirando hacia lo alto, como si hablase con Dios.

—¡Corten! —gritó el director desde la sala de control. En efecto, en el set de grabación, su voz parecía venir de ninguna parte, como si fuese un Dios en estéreo—. Grace, no tienes que decir nada. Cuando digo «grabando», simplemente empieza a recitar tus diálogos.

—Sorry —respondió ella, y aprovech

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