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ÓSCAR Y LAS MUJERES (EPISODIO 7)

Santiago Roncagliolo  

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Fragmento

 

María de la Piedad solloza en la habitación. Sus lamentos llaman la atención de Gustavo Adolfo, que entra a consolarla. Trata de abrazarla, pero ella se zafa de sus manos:

«¡No me toques!», dice.

«¡María de la Piedad, no te puedes entregar al abandono!»

«¿Y entonces qué puedo hacer? Había encontrado el amor, y ahora la vida me lo arrebata.»

«Saldremos adelante, María de la Piedad.»

«¡No, no lo haremos! Seguir juntos sería como rebelarnos contra lo más sagrado. ¡Somos hermanos, Gustavo Adolfo! Lo nuestro es imposible, otra vez.»

Gustavo Adolfo se sienta, casi se desploma sobre la cama, y hunde la cara entre las manos. No puede responder nada. No puede vencer a la verdad. María de la Piedad continúa su lamento:

«Escúch

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