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SERES DE ARENA Y ESCORIA (FLASH RELATOS)

Paolo Bacigalupi  

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Fragmento

Seres de arena y escoria

—¡Movimiento hostil! ¡Dentro del perímetro! ¡Muy adentro!

Me quité las gafas de Respuesta Sumersiva mientras la adrenalina bombeaba en mi interior. El paisaje urbano virtual que había estado a punto de arrasar desapareció, remplazado por las múltiples vistas de las operaciones de explotación minera de SesCo que ofrecía nuestra sala de observación. En una de las pantallas, el rastro rojo fosforescente de un intruso se deslizaba por un mapa del terreno, un punto de calor intermitente parecido a una gota de sangre que se escurría hacia el Pozo 8.

Jaak había salido ya de la sala de observación. Me apresuré a recoger mi equipo.

Alcancé a Jaak en la sala de equipamiento, mientras cogía un TS-101 y unas cuantas granadas de dardos antes de embutir su cuerpo tatuado en el exoesqueleto de impacto. Se cargó unas bandoleras de baterías portátiles a los hombros inmensos y corrió en dirección a las escotillas del exterior. Me coloqué el exoesqueleto, cogí mi 101 de la armería, comprobé que estuviera cargado y lo seguí.

Lisa había llegado ya al vehículo híbrido, cuyas turbohélices aullaron como banshees cuando se dilató la compuerta. Los centauros centinelas me apuntaron con sus 101 antes de volver a relajarse cuando la información de amigo-enemigo se derramó sobre las pantallas de sus visores. Crucé el asfalto a toda velocidad, con la piel azotada por las glaciales ráfagas de viento de Montana y las corrientes a presión de los motores Hentasa Mark V. Sobre mi cabeza, las nubes refulgían anaranjadas por la luz de los robots mineros de SesCo.

—¡Rápido, Chen! ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Vamos!

Me zambullí en el cazador. La nave se elevó por los aires. Se ladeó, arrojándome contra un mamparo, antes de que el ciclo de los Hentasas se completara y el cazador saliera disparado hacia delante. La compuerta deslizante del híbrido se cerró. Los bramidos del viento enmudecieron.

Avancé con esfuerzo hasta la

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