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SIEMPRE SERáS MI HIJO (BEAUTIFUL BOY)

David Sheff  

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Fragmento

Introducción

It hurts so bad that I cannot save him, protect him, keep him out of harm’s way, shield him from his pain. What good are fathers if not for these things?

Duele tanto no poder salvarlo, protegerlo, mantenerlo alejado del camino del sufrimiento, escudarlo de su dolor. ¿Para qué sirven los padres si no para esas cosas?

THOMAS LYNCH, The Way We Are

Hola, papá; Dios, los extraño mucho. Estoy impaciente por verlos a todos. ¡Sólo un día más! ¡Woo-hoo!

Nic me envía un mensaje por correo electrónico desde la universidad la noche anterior a su llegada a casa para las vacaciones de verano. Jasper y Daisy, nuestros hijos de ocho y cinco años de edad, están sentados en la mesa del comedor y recortan, pegan y colorean notas y carteles de bienvenida para recibirlo. No han visto a su hermano mayor en seis meses.

Por la mañana, cuando llega el momento de partir hacia el aeropuerto, salgo por ellos. Daisy, húmeda y lodosa, está trepada en una rama alta del arce. Jasper se encuentra de pie debajo de ella.

—O me lo das o ya verás —le advierte.

—No —responde ella—. Es mío.

Hay un valiente desafío en sus ojos, pero entonces, cuando él comienza a trepar el árbol, ella arroja al suelo el muñeco de Gandalf que él desea.

—Es hora de ir a recoger a Nic —les digo y ellos me rebasan en el camino hacia la casa mientras gritan “Nicky, Nicky, Nicky”.

Conduzco el auto con ellos la hora y media de distancia hasta el aeropuerto. Cuando llegamos a la terminal, Jasper grita:

—Ahí está Nic —señala—. ¡Allí!

Nic, con una bolsa verde militar colgada del hombro, está recargado contra un señalamiento de “No estacionarse” en la banqueta exterior de la zona de reclamo de equipaje de United. Desaliñado y flaco, con una deslavada camiseta roja y la chamarra de su novia, pantalones de mezclilla desgastados que caen por debajo de los huesos de su cadera y zapatos tenis rojos Converse All-Stars, y cuando nos mira su rostro se ilumina y nos saluda con la mano.

Ambos pequeños desean sentarse a su lado, de manera que, después de arrojar su equipaje a la cajuela, pasa por encima de Jasper y se acomoda entre los dos. Por turno sujeta la cabeza de cada uno de sus hermanos entre las manos y besa sus mejillas.

—Qué gusto verlos —les dice—. Los extrañé como lunático. Como loco.

Después se inclina hacia el frente, hacia nosotros, y agrega:

—A ustedes también, pá y má.

Mientras conduzco para alejarme del aeropuerto, Nic describe su vuelo.

—Fue de lo peor —dice—. Quedé atrapado junto a una señora que no dejaba de hablar. Tenía el cabello platinado con picos como el merengue de un pay de limón. Usaba lentes con esquinas puntiagudas como los de Cruella de Ville, tenía los labios color ciruela y mucho polvo de maquillaje rosado en el rostro.

—¿Cruella de Ville? —pregunta Jasper. Sus ojos están muy abiertos. Nic asiente.

—Justo como ella. Sus pestañas eran largas y falsas, color púrpura, y usaba este perfume, Eau de Hediondo —se aprieta la nariz—. Fuchi.

Los chicos están fascinados.

Pasamos el puente Golden Gate. Un río de espesa neblina fluye debajo de nosotros y envuelve los cabos de Marin. Jasper pregunta:

—Nic, ¿vendrás a nuestra graduación? —se refiere a su futura ceremonia de ascenso y la de Daisy. Los chicos pasan de segundo a tercer grado y de kinder a primer grado, respectivamente.

—No me lo perdería ni por todo el té de China —responde Nic. Daisy pregunta:

—Nic, ¿recuerdas a esa niña, Daniela? Se cayó del pasamanos y se rompió un dedo del pie.

—¡Auch!

—Tiene un yeso —agrega Jasper.

—¿Un yeso en el dedo del pie? —pregunta Nick—. Debe ser muy pequeño.

Con gravedad, Jasper reporta:

—Se lo cortarán con una sierra.

—¿El dedo?

Risas. Después de un rato, Nic les anuncia:

—Tengo algo para ustedes, chicos. En mi maleta.

—¡Regalos!

—Cuando lleguemos a casa —responde.

Ellos le suplican que les diga de qué se trata, pero él sacude la cabeza.

—Nones. Es una sorpresa.

Puedo ver a los tres en el espejo retrovisor. Jasper y Daisy tienen rostros suaves y oliváceos. El rostro de Nic también era así pero ahora es anguloso y pálido como el papel de arroz. Los ojos de los niños son castaños y claros, mientras los de él son dos globos oscuros. El cabello de los niños es marrón oscuro, pero el de Nic, largo y rubio cuando era niño, está deslucido como un campo en verano avanzado, con aplastados parches amarillentos y pegajosos mechones amarillos como resultado de un infortunado intento de blanquearlos con Clorox.

—Nic, ¿nos contarás un cuento de PJ? —suplica Jasper. Durante años, Nic ha divertido a los chicos con las aventuras de PJ Fumblebbumble, un detective británico de su invención.

—Más tarde, señor; lo prometo.

Nos dirigimos hacia el norte por la autopista, salimos de ella y giramos hacia el oeste; luego atravesamos una serie de pueblos pequeños, un parque estatal lleno de árboles y las pasturas de las colinas. En Point Reyes Station nos detenemos a recoger la correspondencia. Es imposible estar en la ciudad sin encontrarnos a docenas de amigos, todos los cuales están felices de ver a Nic y lo bombardean con preguntas acerca de la escuela y sus planes para el verano. Por fin salimos de la ciudad y seguimos el camino a lo largo de Papermill Creek hasta nuestra vuelta a la izquierda, donde ascendemos por la colina hasta estacionar el auto en nuestra entrada.

—Nosotros también tenemos una sorpresa para ti, Nicky —dice Daisy. Jasper le dirige una mirada amenazante.

—¡No le digas!

—Son carteles. Nosotros los hicimos.

—Dai-sy…

Después de tomar su equipaje, Nic sigue a los chicos al interior de la casa. Los perros se le arrojan encima entre ladridos y aullidos. En la parte superior de las escaleras, los carteles y dibujos de los chicos dan la bienvenida a Nic, incluso un puercoespín, dibujad

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