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SOñé QUE LA NIEVE ARDíA

Antonio Skármeta  

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Fragmento

cio», pensó el hombrecito, llevando sus nerviosos trancos casi hasta el borde de iniciar una carrera. Miró al costado y hacia arriba la frente del otro—. Nuestra relación es estrictamente artística, ¿comprendido? —Contempló el suave asentimiento del cuello de su socio y añadió—: Me irrita su cara allá arriba. —Bajó la vista y se cruzó las manos tras la espalda sin disminuir un ápice sus pisadas intensas—. Un trato entre profesionales —le advirtió, ya sin mirarlo.



Cuando el dueño de la pensión introdujo a Arturo en el living asiéndolo orgulloso del codo, la sonrisa del joven quedó a la deriva entre los floreros con violetas frescas, y la mecedora de la anciana que pendiente de los labios del negro había suspendido el crochet, y por el piano con el clavijero abierto que el Gordo hacía vibrar impaciente en la parte aguda, sonriendo con desesperación, y entonces el joven recogió la sonrisa que había ensayado y se agarró fuerte de la pelota como si fuera un poste, y al frente estaba la foto del presidente con sus gruesos carrillos y anteojos de profesor provinciano y el orgulloso pecho de palomo con la cinta tricolor condecorándoselo y más al flanco, una de Jesús a punto de caer y en el mismo sentido las espumosas bailarinas rosas y azules que untaban sus piececitos en la barra o flectaban las rodillas bajo un pollerón amariposado, y volvió la mirada al dueño que miraba y oía los gritos de los muchachos como a un coro de ángeles y le tironeó del saco y Don Manuel lo miró pero apenas ampliando la sonrisa y le guiñó el ojo de que se aguantara y el Negro avanzó hasta el Guatón que le había dado el lomo y pulsaba a las perdidas el la en el piano, y le dio vuelta para agarrarle al cara bien de frente y decirle que no pu’ueón, que ésta es una huevá que tú no cachái porque te falta perspectiva histórica, pu’ueón, te falta el análisis materialista de las condiciones objetivas, pu’ueón, y los dientes le relampagueaban precisamente  bajo la ampolleta de ochenta watts y la lengua la corría de punta a punta cuando alcanzaba a respirar y le tiraba todo saladito y corrido como un taladro, y le tiraba la derecha: cuando dai un paso’ueón, y le adelantaba la izquierda: tenís que saber que dónde vai a dar el otro’ueón, ¿cachái ueón?, porque lo que pasa es que tú llegái aquí y decís que ya salgamos a la calle y enfrentemos a los huevones, y el Gordo: no son’ueones son faschistas’ueón, bueno, le pone el Negro, ya pu’ueón, a los faschista’ueón, con qué los vai a enfrentar’ueón, ¿con los pacos? más o menos, con los milicos ni cagando, ¿cachái’ueón?, ¡entonces estamos cagaos no más! le grita el Gordo, ta’que la cagái Guatón le dice el Carlos, y la Susana, pero déjalo hablar Guatón, sí pues Guatón déjame hablar, le dice el Negro, que lo que tú tenís que ver, lo que tenís que veeeer primero que nada es si el enfrentamiento ahora nos conviene, si cierran los negocios, paran los camiones, y salen armados hasta los dientes es porque quieren el despelote ahora, que nosotros nos desbordemos, cachái Guatón, porque si a nosotros nos sacan de la legalidad, no te riái mierda, si nos sacan de la legalidad, altiro nos meten los milicos de atrasito; por atrasito, dijo el Guatón, nos van a pegar la patada en el poto porque nos vamos en la pura pajita esta del bla-blá, y el Negro que la pone la manaza en el hombro y entiende’u

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