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SOBRE EL ESTILO TARDíO

Edward W. Said  

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Fragmento

Prólogo

Edward estaba enfrascado en el proceso de escritura de este libro cuando falleció la mañana del jueves 25 de septiembre de 2003.

A finales de agosto viajamos a Europa: primero estuvimos en Sevilla, donde Edward participó en un taller de la orquesta West Eastern Divan, y luego nos fuimos a Portugal a visitar a unos amigos, cuando cayó enfermo. Al cabo de unos días regresamos a Nueva York, y después de pasar tres semanas con fiebre alta empezó a reponerse. El viernes por la mañana se sentía lo bastante bien para regresar al trabajo, tres días antes de que la enfermedad lo asaltara por última vez. Esa mañana, mientras desayunábamos, me dijo: «Hoy escribiré los agradecimientos y el prefacio de Humanismo y crítica democrática —el último libro que llegó a finalizar y que estaba a punto de ser publicado—. El domingo acabaré la introducción de From Oslo to Iraq and the Road Map. Y a partir de la semana que viene me centraré en Sobre el estilo tardío, que acabaré en diciembre». Nada de esto llegó a suceder. Sin embargo, Edward nos dejó una cantidad ingente de material sobre este libro, lo que nos permitió finalizarlo y crear una versión póstuma de lo que él tenía en mente.

A tenor de lo que recuerdo, Edward incorporó este concepto —las «obras tardías» y el «estilo tardío» de escritores, músicos y otros artistas, «Adorno y lo tardío»— a sus temas de conversación en algún momento hacia el final de la década de 1980, época en que empezó a mostrar interés por él y se sumió de pleno en su lectura. Trató el concepto con muchos amigos y colegas y empezó a incluir ejemplos de obras tardías en varios de sus artículos sobre música y literatura. Incluso escribió ensayos específicos sobre las obras tardías de algunos escritores y compositores. También dio una serie de conferencias sobre el «estilo tardío», primero en Columbia y luego en otras universidades, y a principios de la década de 1990 impartió un curso sobre el tema. Al final decidió escribir un libro y ya tenía el contrato entre manos.

Este libro no habría sido posible sin la ayuda de varias personas y amigos entregados. Mi familia y yo estamos muy en deuda con todos ellos por su contribución a este esfuerzo.

En primer lugar, nos gustaría dar las gracias de forma muy especial a Sandra Fahy, la ayudante de Edward, cuya entrega y dedicación fueron vitales para recabar el material que ha permitido la publicación de este libro. También estamos agradecidos a Andrew Rubin, alumno y antiguo ayudante de Edward, que hizo gala de unos grandes recursos y nos dirigió a varias fuentes de información muy valiosas. Y a Stathis Gourgouris, que trató largo y tendido el tema del estilo tardío con Edward, por su valioso tiempo y su buena disposición para compartir sus ideas. A Shelley Wanger, editora de Edward, cuya paciencia y perseverancia siempre valoraremos; a Sarah Chalfant y a Jin Auh, de la agencia Wylie; y a Akeel Bilgrami, amigo y colega de Edward, que impartió varios seminarios con él y leyó el manuscrito. A todos ellos, nuestro más sincero agradecimiento. También me gustaría dar las gracias a los muchos amigos y antiguos alumnos con los que nos pusimos en contacto; fueron todos muy generosos con su tiempo e información. Y en último lugar, aunque no por ello menos importante, este libro no habría visto la luz de no ser por la ayuda de dos queridos amigos, a los que mi familia y yo estamos muy agradecidos y con los que siempre estaremos en deuda por su cariño, generosidad y conocimientos. La persona cuya sabiduría, consejo y meticulosa lectura del material nos dio luz verde para publicar esta obra fue «el crítico literario más excelso de Estados Unidos», tal y como E

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