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SUERO DE UNA NOCHE DE VERANO

Enfermera Saturada  

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Fragmento

Primer acto

De cuando Satu quiso empadronarse en el hospital

Aquel verano comenzó igual que todos mis veranos desde hace algo más de diez años: con una llamada de la mujer de la bolsa de empleo.

Cuando una es enfermera, los tiempos no los marcan ni las estaciones del año, ni el curso escolar, ni el calendario. Ni siquiera los cambios de armario de las youtubers de moda o las rebajas de Amancio. Cuando una es enfermera, los tiempos en tu vida los marcan la academia de oposiciones y la mujer de la bolsa, o lo que es lo mismo: los rumores de oposiciones y los contratos de vacaciones en el hospital. Y es así, con esa llamada que parece que nunca llega, cuando sabes que empieza la Navidad, Semana Santa, Carnaval y el verano. Y luego está la travesía por el desierto que supone el otoño, durante el cual compruebas cada mañana que tu teléfono móvil sigue teniendo cobertura pero que el problema no es ese, sino que en el hospital casi nadie se marcha de vacaciones.

Hacía apenas unos meses que había vuelto a Madrid tras probar suerte fugazmente como enfermera en Reino Unido, y decidí que era el momento de dejar el piso compartido en el centro y mudarme por enésima vez. Este sí parecía el apartamento perfecto, y sólo deseaba que aquella mudanza fuese la definitiva. Al menos este piso era exterior y superaba los veinticinco metros cuadrados; tal vez pudiera borrar de mi mente esa extraña y triste experiencia de trabajar en habitaciones de hospital del mismo tamaño que mi apartamento. Pese a todas las incomodidades que pueda tener vivir en el centro de una gran ciudad, me negaba a abandonar Malasaña, el barrio qu

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