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TALTOS (LAS BRUJAS DE MAYFAIR 3)

Anne Rice  

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Fragmento

Título original: Taltos. Lives of the Mayfair Witches

Traducción: Camila Batlles

1.ª edición: febrero 2010

© 2010 by Anne Rice

© Ediciones B, S. A., 2010

Consell de Cent, 425-427 - 08009 Barcelona (España)

Depósito Legal: B.15608-2012

ISBN DIGITAL: 978-84-9019-073-9

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Maquetación ebook: emicaurina@gmail.com

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Dedicado con cariño a Stan,

Christopher y Michele Rice,

John Preston, y Margaret

y Stanley Rice, Sr.

 

 

 

 

 

EL JARDÍN DEL AMOR

Fui al jardín del Amor,

y vi lo que jamás había visto:

una capilla construida en medio del prado

donde yo solía jugar.

Las puertas de la capilla estaban cerradas,

y en ellas habían escrito: Prohibido entrar.

Entonces contemplé el Jardín del Amor,

donde crecían multitud de perfumadas flores.

Y vi que estaba lleno de tumbas

y lápidas allí donde debía haber flores.

Y sacerdotes con negras sotanas caminaban por los senderos

y ataban con zarzas mis deseos y alegrías.

Cantos de experiencia

WILLIAM BLAKE

Contenido

Portadilla

Créditos

Dedicatoria

Cita

 

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Promoción

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Había nevado durante todo el día. Mientras anochecía y rápidamente todo quedaba sumido en una densa oscuridad, él permaneció ante la ventana contemplando las pequeñas figuras que patinaban en Central Park. Las farolas proyectaban unos círculos perfectos de luz sobre la nieve. Los patinadores se deslizaban sobre el helado lago, aunque él sólo distinguía sus siluetas. Los coches circulaban lentamente a través de las calles oscuras.

A derecha e izquierda se erguían los rascacielos que poblaban el centro de la ciudad. Pero nada se interponía entre él y el parque, excepto una selva de edificios más bajos, unas azoteas con jardines, unas gigantescas máquinas negras y algunos tejados de dos aguas.

Le entusiasmaba esa vista y no dejaba de sorprenderle que otros la encontraran tan singular, que un operario que acudía a reparar uno de los aparatos de la oficina dijera que jamás había contemplado Nueva York desde semejante perspectiva. Era una lástima que no existiera una torre de mármol para todo el mundo, una serie de atalayas desde las cuales la gente pudiera admirar el extraordinario paisaje urbano.

Él levantaría unas torres cuya única función sería la de constituirse en jardines flotantes para el disfrute de la gente. Utilizaría los mármoles que tanto le gustaban. Quizá lo hiciese este mismo año. Sí, probablemente lo haría este año. Y unas bibliotecas. Construiría más bibliotecas, lo cual le obligaría a viajar. Deseaba hacerlo cuanto antes. Después de todo, los parques estaban casi terminados y había fundado pequeñas escuelas en siete ciudades. También había dotado de tiovivos a veinte poblaciones. Los animales estaban hechos de material sintético, pero cada uno de ellos era una meticulosa e indestructible reproducción tallada a mano de una célebre obra de arte europea. A la gente le encantaban los tiovivos. Pero había llegado el momento de pensar en otros proyectos. El invierno le había sorprendido soñando despierto…

A lo largo del último siglo había conseguido dar forma a un centenar de ideas, y los pequeños triunfos de este año eran muy alentadores. En el interior de este edificio había construido un tiovivo antiguo, con caballos, leones y otros animales que eran réplicas exactas de los originales. El museo de coches de época se alojaba en una planta del sótano. Todos los días acudía un gran número de visitantes para admirar los Modelo T, los Stutz Bearcats, los MG-TD con ruedas de radios metálicos.

Además, en unas estancias espaciosas y bien iluminadas que ocupaban dos plantas sobre el vestíbulo se hallaban los museos de muñecas, el orgullo de la compañía, en los cuales se exponían los ejemplares que él había adquirido en todos los rincones del mundo. También estaba el museo privado, formado por las muñecas de su colección particular y que sólo se abría al público de vez en cuando.

A veces bajaba para observar a la gente, confundido entre los grupos de visitantes. Nunca pasaba inadvertido, pero tampoco sabían quién era.

Es imposible pasar inadvertido cuando mides más de dos metros de altura. Sin embargo, en los últimos doscientos años había sucedido algo muy curioso: la estatura de los seres humanos había aumentado y, pese a sus más de dos metros, ya no destacaba tanto entre los demás. Algunos lo miraban con curiosidad, pero no les infundía miedo.

A veces entraba en el edificio alguien más alto que él y sus empleados se apresuraban a comunicárselo, creyendo que le complacía que le informaran de ello. Les parecía divertido. A él no le importaba. Le gustaba ver a la gente sonriente y feliz.

«Señor Ash, ha aparecido un tipo altísimo. Cámara cinco.»

Él se volvía hacia el conjunto de pequeños monitores para observar al individuo. Netamente humano. Por lo general, se daba cuenta enseguida. Algunas veces, aunque pocas, no estaba seguro de ello. Entonces bajaba en el rápido y silencioso ascensor y se acercaba con disimulo al individuo para constatar a partir de una serie de detalles si se trataba exclusivamente de un ser humano.

Otro de sus sueños era construir pequeños edificios de juguete, exquisitamente realizados con mo

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