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TE AMARé HASTA EL AMANECER

Johanna Lindsey  

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Fragmento

1

—No creo que deje de llorar ni siquiera para la fiesta —le advirtió Sophie a Violet cuando regresó al dormitorio que las dos jóvenes compartían.

Violet Mitchell suspiró. Sabía que Sophie se refería a su tía Elizabeth, la madre de Sophie. Entonces rodeó los hombros de su prima con el brazo y apretó con suavidad. Era buena consolando, y también haciendo de madre, ya que intentó representar ese papel para sus dos hermanos cuando los tres todavía eran unos niños.

—No quiere que me vaya —observó Violet.

—¡Ninguno de nosotros quiere que te vayas!

—Tu madre no debería haber organizado esta fiesta, porque lo único que hará es recordarle que mañana por la mañana regresaré a América.

—¡Si la carta no hubiera llegado hace cuatro días! —declaró Sophie en tono malhumorado—. Si hubiera llegado la semana que viene, al menos habrías estado aquí para el primer baile de la temporada. ¡No me puedo creer que te los vayas a perder todos!

Violet, como su tía, iba a echarse a llorar en cualquier momento. ¡Había anhelado tanto asistir a las fiestas de aquel verano junto con Sophie! Tanto ella como su prima habían cumplido dieciocho años aquel año; Violet el mes anterior y Sophie a principios de primavera. A lo largo del año, Violet había seguido creciendo y ahora medía un metro setenta centímetros de altura, mientras que Sophie era bastante menuda y solo medía un metro sesenta centímetros. Elizabeth no había reparado en gastos y había encargado unos vestidos preciosos para ambas.

Violet había vivido con su tía, su tío y su extensa prole los últimos nueve años, desde que tía Elizabeth viajó a América y, en concreto, a Filadelfia, que era donde ella y la madre de Violet habían nacido. Entró con paso decidido en la casa de los Mitchell e insistió en que Violet la acompañase a su vuelta a Londres y viviera con ella, lord Edmund Faulkner, su marido, y sus seis hijas. Charles, el padre de Violet, no protestó demasiado.

En realidad, Violet entendía que su padre se sintiera aliviado de que lo liberaran de hacerse cargo de ella. Seguramente, educar a una hija sin su mujer, quien había fallecido de tuberculosis pocos años después de nacer Violet, suponía demasiada responsabilidad para él. Daniel y Evan, los hermanos de Violet, tampoco protestaron. No estaban precisamente contentos de que los mangoneara. Sin embargo, ante la ausencia de una madre que guiara a aquellos niños tan traviesos, y a pesar de que eran dos años mayores que ella, Violet había adoptado un rol maternal hacia ellos. Pero no había nadie que le hiciera de madre a ella y, cuando tuvo alrededor de nueve años, sintió inequívocamente esa carencia. Esta fue la razón de que tampoco ella protestara demasiado cuando le comunicaron que iba a separarse de su familia más próxima y a mudarse a Londres. Hacer de madre no le había resultado fácil. Sin embargo, a aquellas alturas el rol ya estaba arraigado en ella, de modo que también mangoneó a sus primas de Inglaterra. ¡Pero al menos a ellas no les importó y lo atribuyeron al hecho de que era norteamericana!

—Deberías estar contenta por mí —observó Violet—. Será maravilloso volver a ver a papá y a mis hermanos. ¿Acaso crees que no los he echado de menos?

—Nunca lo mencionaste, así que no, no era consciente de ello.

—Si he aprendido algo de vosotros los británicos es a no revelar las emociones desagradables —dijo Violet medio en broma.

—¿Como hace ahora mismo mi madre, que está inundando de lágrimas su dormitorio?

Las dos primas sonrieron y luego Violet continuó:

—Ya sabes a qué me refiero. Y tú, querida, me has mantenido demasiado ocupada y entretenida como para amargarte con los ocasionales ataques de tristeza que experimentaba cuando pensaba en mi padre y mis hermanos. Pero les he estado escribiendo semanalmente y, aunque los chicos no han respondido mis cartas con la regularidad que yo habría deseado, comprendo que tienen otras cosas en las que pensar aparte de escribir cartas. Por otro lado, sé que mi padre odia escribir. Tengo suerte de haber recibido ocho cartas suyas durante los años que llevo aquí, aunque siempre se encargó de incluir unas cuantas líneas en las cartas que me enviaban los chicos. Y al menos me han visitado un par de veces.

—Deberían haber venido más a menudo.

—Teniendo en cuenta los terribles mareos que sufrieron papá y Evan durante el primer viaje, incluso me sorprende que me visitaran una segunda vez hace cinco años.

—¡Oh, me había olvidado de eso! Aun así, deberían haberse esforzado y haber venido a tu presentación en sociedad. Si no les hubieras enviado aquel retrato tuyo el año pasado, seguramente con mareo o sin mareo habrían venido a presenciar tu puesta de largo.

—Deja de sentirte molesta por mí cuando yo no lo estoy. Les dije que no volvieran y que, la próxima vez, iría yo a verlos. Habrían disfrutado visitando Londres, pero ya lo han hecho un par de veces y, aunque nunca lo confesarían, no creo que se sientan cómodos con las formalidades de la sociedad británica. Pero, sobre todo, el hecho de que mi padre y Evan lo pasaran tan mal durante el trayecto, tanto al venir como al volver, hace que me sienta realmente culpable. Además, ya tenía planeado visitarlos este año, solo que no tan pronto. Probablemente no debí mencionarles que pensaba hacerlo acompañada de mi futuro prometido. Esa idea no les alegró mucho.

—¿En serio les dijiste eso? —exclamó Sophie, divertida.

—¿Por qué no habría de decírselo? Tu madre lleva años hablándonos de esta temporada social, así que, efectivamente, creí que este año conocería a mi futuro marido y quise compartir la noticia con mi familia. Al fin y al cabo, tu madre esperaba que las dos nos prometiéramos durante esta temporada.

—¿Y qué dijo exactamente tu padre al respecto?

—De momento, nada. Ni la respuesta de mis hermanos ni la última e imprecisa carta que me han enviado incluyen palabras de mi padre. Pero papá querrá verme feliz, así que, cuando llegue el momento, confío en obtener su consentimiento para casarme con un inglés. En cualquier caso, lo resolveré cuando llegue a casa.

De repente, Sophie soltó un grito ahogado.

—¿Es por esto por lo que quieren que vuelvas enseguida a América? ¿Tienen miedo de perderte para siempre si te casas con un inglés?

Violet frunció el ceño durante un instante mientras consideraba esa posibilidad, pero luego negó con la cabeza.

—No, no utilizarían una artimaña como esa. En la carta, Daniel solo dice que se trata de algo urgente, y parece desesperado.

—Sin embargo, no explica en qué consiste la urgencia —le recordó Sophie con resentimiento.

Violet suspiró.

—Estoy convencida de que tenía la intención de explicármelo, pero en la carta también me comenta que Evan le advirtió que no me escribiera contándome lo que ocurre, sea lo que sea. Así que, probablemente, Daniel envió la carta a toda prisa para que Evan no se enterara. Se le podría haber ocurrido explicarse mejor y no decir, simplemente: «Se trata de algo urgente, Vi. Solo tú puedes arreglarlo.»

—Pero regresarás pronto, ¿no? Eres buena arreglando cosas, así que seguramente no tardarás mucho en arreglar lo que sea que va mal y podrás tomar el siguiente barco de vuelta a Inglaterra. De este modo, no te perderás toda la temporada social. Y podrías traer contigo a tus hermanos, y también a tu padre. ¡Al fin y al cabo ya han pasado cinco años y nosotros también somos familia suya!

—Se lo preguntaré, pero no puedo garantizar que esté de vuelta antes de que termine la temporada, sobre todo porque solo en cruzar el océano se tarda de tres a cuatro semanas. Esta noche debería terminar de empacar mis cosas en lugar de alternar en sociedad. ¿Vamos a ver si tu madre está lista para bajar? ¡Espero que no haya invitado a mucha gente a esta fiesta de despedida!

—No lo creo, prima, porque la temporada no empieza hasta la semana que viene. Por otro lado, buena parte de la alta sociedad vive en Londres, como nosotros, y otros de sus miembros vienen antes para asegurarse de que las anfitrionas sepan que están en la ciudad, así que, al menos, esta noche conocerás a unos cuantos.

Violet se echó a reír.

—¿Los conoceré, simplemente, para decirles adiós?

—No, no, puedes asegurarles que regresarás pronto. O no contarles que te vas. En las invitaciones, mamá no mencionó que se tratara, en concreto, de una fiesta de despedida. Ella quería que disfrutaras de al menos una fiesta antes de embarcar mañana. ¡Además, eres tan guapa, Vi! Estabas destinada a romper unos cuantos corazones este verano. Pero no, no siento celos de ti en absoluto. Al fin y al cabo, solo puedes tener un marido y habrá caballeros jóvenes de sobra. Quizá esta noche conozcas al que tú quieres. ¿No sería maravilloso? Entonces anhelarás regresar enseguida —terminó Sophie con una carcajada.

—Pero empacar mis cosas...

—Ya está casi todo empacado y las sirvientas terminarán de hacerlo mientras estamos en el salón. No puedes evitarlo, prima, esta noche estás destinada a pasártelo bien.

¿Pasárselo bien?, pensó Violet. Quizá podría haberlo hecho si no estuviera preocupada por sus hermanos y su padre desde que, cuatro días antes, recibió la carta de Daniel. Y, quizá, si no estuviera a punto de echarse a llorar como hacía su tía al tener que despedirse de su familia londinense a los que había llegado a querer tanto. Pero buena parte de esos sentimientos los había guardado para sí misma. Si algo había aprendido durante su estancia con los Faulkner, era a poner buena cara en cualquier circunstancia.

Esto es lo que hacía tía Elizabeth en aquel momento. Antes de que Sophie llamara a su puerta, se había enjugado las lágrimas y, mientras daba un vistazo a sus chicas favoritas, esbozó una amplia sonrisa. Sophie era rubia, tenía los ojos azules y vestía un traje de color azul verdoso muy claro. Violet también era rubia, pero prefería el color lila, que era el

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