Loading...

¿TE PUEDO HABLAR CLARO?

Fernando Fabiani  

0


Fragmento

PRÓLOGO


¿Te puedo hablar claro?

Esta es una de esas preguntas que los médicos nunca deberíamos hacer en una consulta. Hay otras como: «¿Y eso cómo ha llegado a ese sitio?», «¿Para qué sirve ahí un piercing?» o «¿Es usted su mujer o su madre?», pero me centraré en la primera. Vamos a ver, ¡¿qué significa esa pregunta?! O mejor dicho, ¿qué se puede responder a esa pregunta? Si un paciente es recibido con esa pregunta, puede darse por jodido. Primero, porque nadie te pregunta si te puede hablar claro para darte una buena noticia. «¿Te puedo hablar claro?» es a la relación médico-paciente lo que «Tenemos que hablar» a las relaciones de pareja. No presagia nada bueno. Segundo, porque no tienes escapatoria. ¿Qué vas a responder? «No, doctor, no me hable claro, dígame que estoy estupendamente y me voy a casa a celebrarlo..., si me da tiempo». No te queda más remedio que responder: «Pues claro, doctor, hábleme claro». Te han hecho una pregunta que cruza el punto de no retorno, como cuando haces «¡Pop!», que ya sabes que no hay «Stop». No puedes detener lo inevitable.

Es, por tanto, una pregunta un tanto tramposa, aunque los que viven invitando a salir de la zona de confort a los demás con una cuenta bancaria a su nombre la mar de confortable le llamarían una pregunta potente. Y como no estoy en una consulta sino en un libro, en esta ocasión me he decidido a utilizarla. Porque me temo que no traigo buenas noticias y porque quiero que te sientas obligado a abrir este libro. Quizá estar ojeando este prólogo sea ya un punto de no retorno. Abrir este libro es como elegir la pastilla roja de Matrix, pero en modo salud. Aún estás a tiempo, puedes cerrarlo ahora mismo, zamparte la pastilla azul y seguir siendo feliz en tu país de las maravillas creyendo en los cortes de digestión y protegiéndote de las corrientes. O, por el contrario, puedes atreverte a leer estas páginas y a ver caer una tras otra creencias, convicciones, refranes y perlas de la sabiduría popular.

Pero quiero ser igual de sincero en el prólogo que en el resto del los capítulos, así que ¿te puedo hablar claro? Este es el libro que tu madre no quiere que leas. El que te hará morderte la lengua mientras sonríes por dentro, pensando: «Yo sé que no es así», cada vez que oigas a gente a tu alrededor hacer este tipo de afirmaciones. Tendrás que mordértela porque, créeme, entrar a discutirlo puede estropear el ambiente de esa agradable cena familiar o barbacoa entre amigos, puede acarrear­te acaloradas discusiones e incluso hacer que te expulsen del grupo de WhatsApp de madres del colegio (que igual, bien mirado, es un tanto a favor). Sí, el libro puede robarte un poco de felicidad, pero, para compensar, podrás leerlo con una sonrisa. Ríe. Aprende. Reflexiona. A partir de ahora, ¡que no te cuenten mitos! ¿Qué mejor forma de ver caer las más profundas convicciones que con una sonrisa?

Disfruta de este libro. No, no lo cierres sin leerlo. Recuerda que la peor ignorancia es la de la propia ignorancia. Y si lo que te preocupa es que tu madre o tu abuela dejen de hablarte por ello, regálales un ejemplar y sácalas del lado oscuro.

Sigue leyendo y recibe antes que nadie historias como ésta