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TEJIENDO SUEñOS

Patti Smith  

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Fragmento

Los recolectores de lana

Había un campo. Había un seto de grandes matorrales que enmarcaba mi visión. El seto era sagrado para mí: la fortaleza del espíritu. El campo también era objeto de mi reverencia, con su hierba alta, incitante, y su poderosa pendiente.

Más allá, a la derecha, había un huerto, y a la izquierda, un cobertizo encalado sobre cuyas puertas dobles habían escrito las palabras HOEDOWN HALL. Allí, los domingos por la tarde, nos encontrábamos y bailábamos al son del violinista y su llamada.

Más tarde, después del baño, mi madre me peinaba, y yo rezaba mis oraciones y ella me arropaba. Yo esperaba hasta que todo estaba en silencio. Entonces me levantaba, me subía a una silla, apartaba la tela que cubría la ventana y continuaba mis rezos, vagando al encuentro de mi Dios.

Hoedown Hall,

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