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TIERNA Y REBELDE (SAGA DE LOS MALORY 2)

Johanna Lindsey  

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Fragmento

Título original: Tender Rebel

Traducción: Lilian Schmidt

Ante la imposibilidad de contactar con el autor de la traducción, la editorial pone a su disposición todos los derechos que le son legítimos e inalienables.

 

1.ª edición: junio 2011

© 1988 by Johanna Lindsey

© Ediciones B, S. A., 2011

para el sello Zeta Bolsillo

Consell de Cent, 425-427 - 08009 Barcelona (España)

www.edicionesb.com

Depósito Legal:  B.15632-2012

ISBN EPUB:  978-84-9019-122-4

Todos los derechos reservados. Bajo las sanciones establecidas en el ordenamiento jurídico, queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo públicos.

 

 

 

 

 

Este libro está dedicado con amor

a todos mis lectores, con un agradecimiento

especial a aquellos que deseaban que

el tío Tony tuviese su propia historia.

 

Contenido

Portadilla

Créditos

Dedicatoria

 

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Inglaterra, 1818.

 

—¿Tienes miedo?

Roslynn Chadwick dejó de mirar por la ventanilla del carruaje, por la que había estado contemplando el paisaje durante una hora sin verlo realmente. ¿Miedo? Estaba sola en el mundo, sin tutor ni familiares. Iba camino de un futuro incierto, dejando a sus espaldas todo cuanto conocía. ¿Atemorizada? Estaba aterrorizada.

Pero Roslynn trataría de evitar que Nettie MacDonald lo supiera. Nettie ya estaba bastante inquieta; lo había estado desde que cruzaron la frontera inglesa la mañana anterior, si bien trataba de ocultarlo quejándose, según su costumbre. Hasta entonces, Nettie había estado alegre y despreocupada, incluso cuando cruzaron las tierras bajas de Escocia, que despreciaba. Nettie, que había sido una montañesa durante toda su vida, es decir durante cuarenta y dos años, nunca creyó que algún día debería abandonar sus bienamadas tierras bajas y además cruzar la frontera inglesa. Inglaterra. Pero era imposible dejar atrás a la querida Nettie.

Roslynn se esforzó por sonreír para complacer a su doncella y tranquilizarla.

—Oh, Nettie, ¿por qué habría de tener miedo? ¿Acaso no logramos salir subrepticiamente en medio de la noche? Geordie nos buscará en Aberdeen y Edimburgo durante semanas y jamás adivinará que nos hemos fugado a Londres.

—Seguramente —dijo Nettie, complacida por el éxito que habían tenido hasta ese momento y olvidándose momentáneamente de que experimentaba temor y disgusto hacia los ingleses. Mucho más profunda era su aversión hacia Geordie Cameron—. Y espero que ese maldito se asfixie con su propio malhumor cuando compruebe que lograste burlar sus detestables planes. Duncan no me agradaba, pero sabía qué era lo mejor para ti. Fue él quien contrató a ese excelente tutor para que no olvidaras tu verdadero idioma, especialmente ahora que estamos entre estos endemoniados ingleses.

Roslynn sonrió y decidió gastarle una broma.

—Cuando vea a un inglés, recordaré de inmediato mi verdadero idioma. No me negarás estos últimos momentos en que puedo hablar sin necesidad de pensar en cada palabra que pronuncio, ¿verdad?

—Bah. Sólo lo olvidas cuando estás alterada.

Nettie lo sabía. En ocasiones, Nettie conocía a Roslynn mejor que ella misma. Si bien Roslynn no estaba malhumorada, que era cuando comenzaba a hablar con el acento escocés que había aprendido de Nettie y de su abuelo, lo cierto era que estaba alterada, y con razón. Pero no lo suficiente para olvidar el auténtico inglés que le había enseñado su tutor. Roslynn suspiró.

—Espero que lleguen los baúles o nos veremos sin nada que ponernos. —Ambas habían partido con una sola muda de ropa para desorientar aún más a su primo Geordie, por si alguien las veía y lo informaba.

—Ese es el menos grave de tus problemas, niña. Fue un acierto traer a esa modista londinense a Cameron Hall para que te hiciera todos esos bonitos vestidos. El bendito Duncan pensó en todos los detalles; incluso hizo enviar los baúles con anticipación, uno por uno, para que Geordie no sospechara.

Y Nettie pensó que había sido divertido huir en plena noche, con las faldas recogidas y usando viejos pantalones de montar para que, a la luz de la luna, las confundieran con hombres. Lo mismo opinaba Roslynn. De hecho, era el único aspecto de toda esa locura del cual había disfrutado. Habían cabalgado hasta el pueblo más próximo, donde aguardaban el carruaje y su conductor, y debieron aguardar varias horas para asegurarse de que no las seguían antes de emprender el viaje. Pero habían sido necesarios todos esos inconvenientes y ocultamientos para burlar a Geordie Cameron. Por lo menos, así opinaba el abuelo.

Y Roslynn le creyó, sobre todo al ver la expresión de Geordie cuando se leyó el testamento del abuelo. Después de todo, Geordie era el sobrino nieto de Duncan Cameron, el nieto menor de su hermano y el único pariente masculino que aún vivía. Geordie había estado en todo su derecho al suponer que parte de la inmensa fortuna de Duncan sería para él, aunque sólo fuera una pequeña parte. Pero Duncan había legado todo su patrimonio a Roslynn, su única nieta: Cameron Hall, los molinos, todo. Y Geordie había realizado grandes esfuerzos para no dar rienda suelta a su indignación.

—No debió sorprenderse tanto —dijo Nettie al día siguiente de la lectura del testamento—. Sabía que Duncan lo odiaba; que lo culpaba de la muerte de tu querida madre. Por eso te cortejaba tan diligentemente durante todos estos años. Sospechaba que Duncan te lo dejaría todo. Y por eso, ahora que Duncan no está, hemos tenido que marcharnos tan deprisa.

No había tiempo que perder. Roslynn lo supo cuando Geordie volvió a pedirle que se casara con él después de la lectura del testamento, y ella volvió a rechazarlo. Esa misma noche, ella y Nettie se habían marchado. No era el momento de apenarse ni de arrepentirse de la promesa que le había hecho a su abuelo. Ya había sufrido bastante cuando dos meses antes se enteraron de que Duncan se moriría. Y, en realidad, su muerte fue un alivio, pues durante los últimos siete años se había estado debilitando y soportando dolores; sólo su empecinamiento escocés había logrado mantenerlo vivo durante tanto tiempo. No, no podía lamentar que su abuelo hubiera dejad

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