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UN DíA DE TRABAJO

Katherine Anne Porter  

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Fragmento

Un día de trabajo

Aquella sorda lucha que sonaba como una rata gigante trepando por la pared significaba que el montacargas estaba subiendo, mientras la portera tiraba del cable desde abajo. La señora Halloran hizo una pausa, golpeó la plancha contra la tabla y dijo:

—Ahí está. Tarde. Podrías haberte puesto los zapatos, haber ido hasta la esquina y comprado las cosas hace una hora. Yo no puedo con todo.

El señor Halloran abandonó el sillón aferrándose a los brazos y levantándose penosamente sobre sus pies, mientras miraba a su alrededor como si esperase encontrar a su alcance un par de muletas.

—También en calcetines —refunfuñó la señora Halloran—. Deberías andar con los pies descalzos o usar los zapatos con los calcetines c

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