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UNA MUERTE SOSPECHOSA (SAGA KING & MAXWELL 3)

David Baldacci  

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Fragmento

Título original: Simple Genius

Traducción: Mercè Diago y Abel Debritto

1.ª edición: diciembre, 2015

© 2015 by Columbis Rose, Ltd.

© Ediciones B, S. A., 2015

Consell de Cent, 425-427 - 08009 Barcelona (España)

www.edicionesb.com

ISBN DIGITAL: 978-84-9069-277-6

Maquetación ebook: Caurina.com

Todos los derechos reservados. Bajo las sanciones establecidas en el ordenamiento jurídico, queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo públicos.

 

 

 

 

 

A mi querida amiga Maureen Egen,

que los días sean largos

y reine la calma en los mar

Contenido

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Créditos

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Nota del Autor

Los cifrados de Beale

Agradecimientos

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En general, se considera que existen cuatro formas de pasar a mejor vida: morir por causas naturales, incluyendo las enfermedades; morir en un accidente; morir por obra de otra persona, o morir por decisión propia. Sin embargo, los habitantes de Washington D.C. tienen una quinta posibilidad para irse al otro barrio: la muerte política. Puede sobrevenir a raíz de diferentes circunstancias: retozar en una fuente pública con una bailarina de striptease que no sea la propia esposa; embolsarse fajos de billetes en los pantalones sin saber que quien paga pertenece ni más ni menos que al FBI, o encubrir un robo chapucero siendo el inquilino de la Casa Blanca.

Michelle Maxwell recorría con paso impetuoso la calzada de la capital de la nación, pero, como no se dedicaba a la política, esa quinta posibilidad de muerte no la afectaba. De hecho, había decidido con firmeza emborracharse para olvidar parte de sus recuerdos a la mañana siguiente. Quería olvidar muchas cosas, se sentía obligada a hacerlo.

Michelle cruzó la calle, empujó la puerta del bar, que lucía impactos de bala, y entró. La asaltó una gran cantidad de humo que, en parte, era de cigarrillos. Los otros aromas eran emanaciones de sustancias que mantenían a la DEA, el departamento estadounidense antidroga, alerta y ocupado.

La música ensordecedora ahogaba cualquier otro sonido y seguro que en pocos años proporcionaría un negocio bien lucrativo a todo un ejército de otorrinos. Mientras los vasos y las botellas tintineaban, un trío de mujeres actuaba mecánicamente en la pista de baile. Entretanto, un par de camareras hacían malabarismos con las bandejas y los malos modales, dispuestas en todo momento a dar un tortazo a quien intentara tocarles el culo.

La clientela del bar se fijó enseguida en Michelle, la única mujer blanca del local esa noche, y probablemente cualquier otra. Ella les dedicó una mirada sufic

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