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3 consejos para superar la vergüenza

Publicada el 14/10/2020

Tu hijo va caminando por el patio del cole y se cae. Y todo el mundo le mira. Y le señalan. Y ser ríen de él.

¿Qué sentiría ante una situación así? Tiene dos opciones: avergonzarse y levantarse o levantarse y seguir caminando sin pasar por el estado de vergüenza. Si escoge la segunda opción está claro que tiene inteligencia emocional.

Pero, ¿Qué es la inteligencia emocional? La inteligencia emocional consiste básicamente en ser consciente de tus propias emociones, de las de los demás y saber gestionar ambas. 
Es completamente normal que nuestros hijos, al igual que nosotros, sientan vergüenza en determinados momentos de sus vidas, como por ejemplo, al conocer a niños nuevos en el parque, el primer día de cole en una clase donde no conocen a nadie, a hablar con adultos o a hacerlo en público y que de pronto se queden sin saber qué decir, o tartamudeen. Y cuando pasan por esa emoción, habitualmente terminan con sensación de rabia y frustración.

La timidez ante el hecho de creer que están haciendo algo mal, que sus actitudes son negativas o que hacen las cosas peor que otras personas, no tiene por qué ser malo. De hecho, la vergüenza es un mecanismo natural que les hace comprender, en muchos casos, las normas de un grupo social, cuando por ejemplo, actúan de forma diferente o inadecuada. 
Solo tienes que recordar la primera vez que te llamaron la atención por hablar en voz alta en un museo o en una biblioteca. ¿Hiciste algo deshonroso? Por supuesto que no, pero sentiste vergüenza porque alguien te hizo callar. Lo bueno es que, desde ese momento, aprendiste una regla social nueva.

Pero la vergüenza también puede convertirse en algo negativo si esta sensación se repite de forma frecuente en nuestro día a día, porque puede derivar en un retraimiento de la personalidad e impedirnos a largo plazo tener una vida normal, ya que se adueñaría de nosotros y tenderíamos a alejarnos de la gente, de las actividades que nos conforman como grupo y de muchos proyectos o inquietudes personales por miedo al fracaso.

Por eso, para evitar que a tus hijos les pase, te vamos a dar unos consejos que le ayudarán a asumir esos pequeños tropezones y que no les impidan continuar con su camino.

Nuestros hijos son como esponjas a la hora de absorber conocimientos y patrones de conducta que posteriormente repiten, ya que consideran que si lo hacemos nosotros, está bien hecho, es aceptado. Asume tus fallos de forma natural, disculpándote sin entrar en el dramatismo y resta importancia a esas pequeñas situaciones como caerte delante de gente o hablar en público.

Hablar con un desconocido no es fácil, lo sabemos. Es la primera barrera que se rompe para poder interactuar con alguien, y nuestra forma de acercarnos y esas primeras palabras que pronunciemos, pueden influir muy positivamente en el otro interlocutor. Si al primer punto (predicar con el ejemplo) le sumamos unas pautas que muestren cómo relacionarse con terceros, habremos dado un paso más para que nuestros hijos vayan descubriendo por sí mismos que ese tipo de acciones son naturales.

En muchas ocasiones caemos en el fallo de pensar que por las escasas habilidades sociales asociadas a su corta edad, no van a saber expresarse. En ese caso estaremos fomentando que el niño o niña sienta que no está capacitado para formularse por si mismo y que necesita nuestro respaldo y aprobación para según qué cosas. Ellos saben hablar, dejemos que respondan a preguntas para las que están perfectamente capacitados. 
Uno de los casos más habituales es hacer de interlocutor en situaciones como bares o restaurantes; cuando el camarero pregunta qué vamos a tomar, siempre preguntamos y somos nosotros los que damos la respuesta : la niña tomará un zumo. ¿Acaso ella no sabe decir: «yo quiero un zumo»?.

Elsa Punset, experta en inteligencia emocional, tiene a los profesores perfectos con Bobi y su amigo Blu. Juntos se hacen llamar Bobiblú, y mediante cuentos cortos, nuestros hijos aprenden lecciones que formarán parte de sus vidas.

En ¡Eres un campeón!, además de superar el miedo a estar en público, descubrirán que, compartiendo tiempo con amigos puedes comprender los sentimientos de los demás, aprender de ellos y comportarte de forma asertiva ante pequeños contratiempos o decepciones.

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