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Noticia

Una de las cosas más difíciles de explicarle a nuestros hijos es el paso del tiempo. 

Es habitual escuchar varias veces aquello de «¿cuánto falta?» cuando vamos de viaje o cuando se acerca la hora de la comida, e incluso cuando preguntan por su propio cumpleaños al ver que algún compañero de clase ha recibido regalos y lleva algunas chucherías para compartir.

No es hasta aproximadamente los 8 años cuando empiezan a tener un concepto más o menos claro del paso del tiempo, pero aún así, la falta de experiencias limita su razonamiento, por eso es tan habitual que cuando les decimos alguna frase como «cuando seas mayor», sientan incluso más frustración, porque no son conscientes de que algún día tendrán nuestra edad, ya que para ellos somos sus padres, siempre tendremos la misma edad (o el mismo aspecto físico) y siempre se mantendrá el rol actual mamá/yo/papá.


Todavía es pronto para que ellos entiendan que algún día serán mayores, que tomarán la decisión de tener, o no, una familia propia -además de las muchas decisiones que se toman cuando somos adultos-, que la vida pasa y a todos nos afecta de una manera u otra y que envejeceremos como los abuelos. Pero lo que si podemos hacer es mostrarles un «tiempo» más inmediato, algo más cercano y que puedan medir para calcular esos pequeños acontecimientos del día a día, como la duración de un viaje, cuánto falta para comer o qué día es su cumpleaños.


Antes de empezar a hablar de los segundos, los minutos, las horas y miles de cálculos matemáticos que oirán pero no escucharán, los más fácil es empezar por los días.
 
Ellos son conscientes de que cuando se esconde el sol es hora de ir preparándose para dormir, y que cuando sale el sol, hay que despertarse para ir al colegio. Y mientras están despiertos llevan a cabo una serie de actividades que se repiten siempre, como desayunar, comer, ir al cole o el momento de jugar.

  1. Hazle consciente de la salida y la puesta del sol. Ellos entenderán que cada vez que hay sol es un día nuevo.
  2. Divide el día fracciones, que estarán representadas por tantos botones, chapas o cartulinas de colores como horas tiene. Las de la mañana serán azules, las de la tarde naranjas y las de la noche negras, e indica en qué cartulina u objeto que hayas elegido es el momento de despertarse, en cuál es la hora de comer y en cuál hay que cenar o irse a la cama. Con esta mecánica entenderán conceptos como «dentro de un rato», «más tarde» o «falta poco».
  3. Una vez comprendida la dinámica del día, si repetimos ese patrón con los días de la semana, sabrán en qué día están y cuántos faltan para ir a comer a casa de la abuela o cuándo irán al Parque de Atracciones.

Asumidos los días de la semana, los meses y las estaciones del año, tendrán una idea mucho más clara del tiempo como algo cuantificable, por lo que entenderán la diferencia de edad que tenemos con ellos, cuándo serán mayores, cuánto falta para que puedan conducir, qué edad deberán tener tener si quieren ser veterinarios, profesores o carpinteros, o por qué no se puede ir a la playa el 10 de enero.

Si hay alguien que sabe explicar el paso del tiempo y la vida en general es Lisa Aisato, que con La vida ilustrada hacemos un recorrido por todas las etapas de la vida. Un viaje romántico, con humor y una belleza espectacular. 192 páginas llenas de ilustraciones poéticas a todo color con las que disfrutarán (y disfrutarás) entreteniéndote en la delicadeza de los detalles. Una joya con la que es imposible no sentirse identificado en cualquier momento.

 

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