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«Pues a mi hijo no le gusta leer y ya no sé cómo obligarle», es una de las frases mas repetidas en las puertas de los colegios y en las reuniones con los profesores. Así que, tranquilo o tranquila, esto no es algo que piensas solo tú, sino cientos de padres y madres.

Enseñamos a nuestros hijos a hacer la cama, a recoger sus juguetes, a poner la mesa y a atarse los cordones de los zapatos. Y todo lo hace cuando se lo pedimos, pero leer, ay...¡eso es otra cosa! 

Para empezar, esa frase que decimos a otros padres o tutores, tiene una base errónea: la obligación. Y es que cualquier cosa que suponga una obligación, ya la consideramos como algo aburrido, porque no lo hacemos por voluntad propia.

-Sí, pero poner la mesa y hacer la cama también es una norma de casa y eso sí lo hace-, estarás pensando. Ya, pero esas acciones no requieren de concentración.

Muchas veces, y por puro desconocimiento, sentamos a nuestros hijos delante de un libro y les obligamos a leer en voz alta mientras nosotros estamos haciendo otra cosa. «No te oigo», le gritamos desde el salón o la cocina, cuando pensamos que se está despistando con otra cosa. Con eso creemos que le acostumbraremos a leer, y que con el paso del tiempo, terminarán apreciándolo. Craso error.

La lectura, como todos los hábitos, para que haga raíz y se asiente en el día a día, bien sea de un adulto o de un niño, hay que introducirla poco a poco. Y eso significa no forzar, sino hacerlo de forma gradual, además de ser conscientes de la complejidad del texto y sobre todo, si se ajusta a los gustos del lector. No sería la primera vez que un adulto se rinde porque opta por uno de los clásicos a la hora de introducirse en el mundo de los libros. Imagínate, no haber leído un libro nunca y empezar con el análisis de las etapas del desarrollo cognitivo de Piaget. Lo raro sería que no lanzaras el libro por la ventana y te fueras directo a la cama.

Por eso te vamos a dar 8 trucos para que los más pequeños de la casa aprecien la lectura y la introduzcan en su día a día como un hábito más. Y esto también es aplicable a adultos.

  1. Deja que ellos escojan. No hay nada más aburrido que leer algo por obligación. Los libros que leías tú, no tienen por qué gustarles a ellos.
  2. Observa a tu hijo/a. Conociendo sus aficiones y gustos te resultará más sencillo escoger libros que puedan ser de su interés si no pueden acompañarte a la librería.
  3. Sé un ejemplo. Nuestros hijos son como esponjas, absorben todo lo que ven. Si en casa tienen la costumbre de vernos leer a los mayores, a ellos les resultará una actividad cotidiana, no algo extraescolar.
  4. Comenta los libros que leéis. Pregunta por los personajes o imagina con ellos diferentes finales. De esta manera generarás un interés por su parte para querer saber qué sucederá al final.  Esto puedes hacerlo a la hora de cenar, previo al rato de lectura de antes de ir a dormir.
  5. Amplia su abanico. No descartes los cómics o los cuadernos de actividades. Con ellos no solo leerán, sino que ampliarán su espectro cultural y además aprenderán otro tipo de actividades.
  6. No hagas distinción de género. La princesas no solo son para las niñas ni los héroes para los niños. Los libros cuentan historias. Nada más. Se trata de fomentar su imaginación, no de limitarla.
  7. Apaga la tele. Crea la costumbre de apagar la televisión media hora al día y dedica ese tiempo a leer con ellos. Seguro que en esa media hora no te vas a perder nada que no puedas ver después.
  8. Consulta a los libreros y editores. Nosotros mejor que nadie podemos recomendarte lecturas adaptadas a su edad. ¡Vivimos entre libros! Es lo que mejor se nos da.

Así que si te dejas asesorar por nosotros, ahí va nuestra recomendación del día:

Empieza por libros en los que tus hijos se sientan identificados con los personajes, cuyas vivencias se asemejen a las suyas propias y a las de sus amigos, como por ejemplo Las fantásticas Hormiguets. Y no, no es una historia de bichos. «Las Hormiguets» es como se hacen llamar la hija de la actriz y humorista Silvia Abril y sus amigas.

¿Por qué se llaman así? Todo comenzó el día que se apuntaron a clases de danza. El resto de los alumnas iban de rosa, y ellas? de negro. Así que se quedaron con ese nombre. Joana, Julia, Sara y Nerea son alegres, entusiastas y creativas. A las Hormiguets las unió el cole, el parque y las clases de danza, y se hicieron amigas inseparables. Pero inseparables para siempre.

Anécdotas de cuatro amigas, narradas con el inimitable sentido del humor de Silvia Abril, cuya firme intención es que los más pequeños de la casa se enganchen a la lectura y no pierdan esa costumbre jamás.

Te dejamos unos enlaces que pueden ser de tu interés.

Si quieres saber por qué es bueno leer cómics pincha aquí.
Haz clic aquí si quieres conocer los mejores cuadernos de actividades.

 

 

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