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A ver si te suena esta frase: «como no estudies o te portes mal, a un internado que vas»

Claro que te suena, porque, o bien te la han dicho a ti cuando eras pequeño, o bien se la dices a tus hijos parafraseando a tus padres. Y es que todavía recuerdas el miedo que te daba pensar en que pudiera convertirse en realidad, y ya te imaginabas a ti mismo, lejos de tu familia, amigos, juguetes... estar con gente extraña, compartir la habitación con un niño o niña desconocido/a que no sabías si te caería bien, un nuevo colegio con profesores estrictos como los de las películas, etc. y hacías todo lo posible por portarte bien y no tentar a la suerte. Así que desde ese momento te empezabas a convertirte en un angelito.

Pero si en algo coincidimos las personas que hemos estado en un internado o campamento de verano, es que fue la mejor época de nuestra vida. Y eso que dicen, que los amigos de la universidad, son los amigos para siempre. Pero los del internado, se convierten en familia.

 

Así que, este es un mensaje para nuestras madres y nuestros padres del pasado:

Gracias por enviarnos a un internado, gracias por invertir en nosotros y gracias por darnos la oportunidad de vivir esa experiencia, que tanto se aleja de la fama poco merecida que tienen estos centros educativos y que siempre nos enseñan como edificios de piedra gris, habitaciones frías y profesorado poco amistoso. ¡Ay, la ficción!

Pero la realidad, es que vivir en un internado, además de estudiar, es como tener un montón de hermanos o estar todo el día rodeado de amigos, por lo que, pensar en mandar a nuestros hijos a un internado, nunca ha de ser una amenaza o un castigo por su comportamiento.

Por diferentes motivos, algunos niños y niñas, han de estudiar lejos de sus casas, lo que no significa que dejen de aprender los mismos valores que puedan adquirir en el hogar familiar, o hacer buenos amigos con los que compartir aficiones. Así que te dejamos algunas razones, para que te convenzas de lo positivo que tiene estudiar en un internado.

  • Habituarse a horarios fijos de estudio, descanso y ocio, lo que se traduce en una vida más ordenada.
  • Responsabilidad, ya que no solo su educación se centra en la formación académica, sino también en respetar las normas comunitarias.
  • Seguimiento de sus avances, que por motivos laborales, muchos padres no pueden atender como desearían.

Pero una de las más interesantes, es la socialización con otros niños de sus edad, proporcionando una mejora en la comunicación y habilidades sociales.

Y esto último es lo que les pasa a Julia y Alejandra, protagonistas de Primer año en el internado; dos jóvenes, que en principio no tienen nada en común, pero poco a poco descubrirán que están destinadas a ser las mejores amigas.

Narrada desde ambos puntos de vista, conviviremos con con los celos y la envidia, que desembocaran en situaciones incómodas para Julia, la recién llegada al internado, lo que no impedirá tque tienda una mano a Alejandra cuando el mundo de esta empiece a venirse abajo por razones familiares. Ambas son compañeras de habitación en el exclusivo internado Vistalegre, y aunque no empezaron con buen pie, nos dan una valiosa lección sobre las consecuencias del acoso escolar y lo fácil que es erradicarlo si enseñamos desde y para el respeto, pudiendo confiar y estrechar lazos con quien menos lo imaginamos.

Ana Punset, creadora de El club de las zapatillas rojas y New York Academy, vuelve con la serie Best friend forever, donde la amistad verdadera gana a los prejuicios y al bullying.

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