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Noticia

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (Literatura Random House, 2016), el nuevo libro de Patricio Pron y que se podrá encontrar en librerías a partir del próximos jueves 18 de febrero, es una novela cuya acción transcurre (principalmente) en los años 1944, 1977 y 2014. A lo largo de estas semanas presentaremos  las canciones que, explícita o implícitamente, constituyen la banda sonora de unos personajes que son protagonistas y testigos de cómo, a lo largo del siglo XX, el arte se transformó en política y la política en crimen.



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Jeanne Moreau, Le Tourbillon

Jules et Jim fue estrenada por François Truffaut en 1962 y es la historia de un triángulo amoroso y de las posibilidades ilimitadas que ofrece la vida cuando se desafían sus convenciones. Oskar Werner y Henri Serre están excepcionales, pero es la impulsividad y la belleza del personaje de Jean Moreau las que iluminan el filme, de una importancia capital para la formación sentimental de los jóvenes activistas políticos europeos de las décadas de 1960 y 1970. Aquí Moreau canta una canción de amor y desamor (como casi todas ellas), pero el mensaje del filme es inevitablemente político.

Víctor Jara, El derecho de vivir en paz

Vietnam y el derecho a vivir en paz que no tuvieron Víctor Jara ni muchos otros es el origen de esta canción que no sólo fue escuchada en América Latina, sino también, como ponía de manifiesto unas semanas atrás el hallazgo de unas cintas que pertenecieron a los miembros de las Brigadas Rojas italianas (a las que pertenece uno de los personajes de la novela), en Europa. Esta chinoiserie tiene interés porque pone de manifiesto una dificultad inherente a los cantautores del período, la de apoyarse en tradiciones musicales relativamente estrechas para que sus canciones resultasen más accesibles a su público: en este caso, no importa que la canción no se parezca demasiado a la música tradicional vietnamita, sino que podía (y tal vez todavía pueda) sonarle "china" a un chileno. No es una buena solución, y casi toda la música del período está lastrada por este problema. Cuando no se recostaban en el folclore latinoamericano, los compositores de la época componían marchas como "B.R.P. (Brigada Ramona Parra)", la canción que Jara compuso para los muralistas chilenos y que tan ridícula (y peligrosamente militar) nos suena en la actualidad, de manera que casi toda la música latinoamericana de intención política del período se debate entre el travestí musical del folclore de la región y el militarismo que tanto perjudicó los intentos de transformación política en la región de la década de 1970. Roberto y Violeta Parra son otra cosa, por supuesto, pero la muerte de Jara y la popularidad de su música lo han convertido en un ícono.

The Beatles, Revolution

Varios biógrafos de John Lennon señalan que el futuro autor de Happy Christmas (War Is Over)se debatió durante semanas entre la alternativa de decirle que sí o que no a la violencia como herramienta de transformación política. Finalmente optó por decir que sí y que no de forma sucesiva, pero lo interesante es que su incertidumbre en relación al asunto no era una inquietud personal sino que, por el contrario, toda su generación pensaba y pensaría a partir de ese momento en el tema, también los personajes de No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. (A pesar de lo cual, y como es evidente, los Beatles sí propiciaron una revolución de alguna índole; aunque una en el marco de la cual el dolor fue transformado en esperanza y la violencia en belleza. "Pienso que una misión posible de los artistas es la de hacer que las personas valoren al menos un poco más el hecho de estar vivos", afirmó Kurt Vonnegut, Jr; cuando le preguntaron si conocía a alguno que lo hubiese conseguido, respondió: "Los Beatles".)

Questlove & GGALP, Masters Of War

Al igual que Leon Russell en 1970, Questlove y GGALP convierten la extraordinaria canción de Bob Dylan de 1963 en una introspección en la canción nacional estadounidense y en lo que esta representa dentro y fuera de los Estados Unidos, lo que nos recuerda el pecio extraordinario del español Rafael Sánchez Ferlosio, quien alguna vez afirmó (quizás a modo de advertencia) que "la verdad de la patria la cantan los himnos: todos son canciones de guerra".

Rolling Stones, Street Fighting Man 

Street Fighting Man tiene un papel pequeño pero relevante en Die Stille nach dem Schuss (literalmente, "El silencio después del disparo"), el filme dirigido por Volker Schlöndorff en 2000 en el que se narra la vida de Rita Vogt (Bibiana Beglau), una integrante de la Fracción del Ejército Rojo que recibe asilo en Alemania Oriental a cambio de cambiar de identidad. Die Stille nach dem Schuss es un drama (y se ocupa de algo poco habitual, la vida de los activistas políticos después de que, por una razón u otra, estos abandonasen la vía militar), pero Street Fighting Man suena en el momento en que la protagonista regresa a Berlín Occidental para continuar con las acciones armadas y, a pesar de lo que la letra de la canción afirma, sí hay sitio en la ciudad para otro combatiente callejero.

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