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Llevas toda la semana haciendo horas extra, hace mal tiempo, te has resfriado, una avería en el coche, comida con los suegros? Efectivamente, se han alineado los planetas para hacerte la vida imposible. Porque ser adulto es lo que tiene, vivir rodeado de problemas mientras piensas: «Me encantaría volver a ser niño y no tener nada de lo que preocuparme». ¡Anda que no habrás repetido veces esa frase! ¡Como si se fuera a cumplir! Pero, entonces, si los niños no tienen preocupaciones?

¿Por qué se enfadan nuestros hijos?

Qué poco te acuerdas de cuando eras pequeño. Ser nuevo en el mundo no es fácil, y hay millones de interrogantes que a los padres nos parecen sencillos, pero que para nuestros hijos son un mundo: ¿por qué no podemos ir a la playa este fin de semana?, ¿por qué no podemos cenar pizza todos los días?, ¿por qué mamá y papá se separan?, ¿por qué no puedo tener una hermanita?, etc.

Todas esas preguntas para las que no encuentran respuesta provocan enfados, frustraciones y malestar, pues no entienden por qué las cosas no pueden ser como ellos quieren. Cuando esto sucede, empiezan las pataletas, los pucheros y, en el peor de los casos, las reacciones agresivas. Ahí es donde entramos en acción los padres y las madres, que debemos estar atentos a su comportamiento para detectar si hay algo que falla y ponerle remedio lo antes posible.

No obstante, recuerda que también hay profesionales que nos pueden ayudar a descubrir el origen de esos cambios de humor y proporcionarnos pautas y consejos que ayuden al bienestar de nuestros hijos, como la psicóloga y especialista en inteligencia emocional Begoña Ibarrola, que lleva años al cuidado de niños y adolescentes con problemas conductuales. Su extensa experiencia la convierte en una de las mejores profesionales en educación emocional.

Prueba de ello es Estoy muy enfadado, un libro de cuentos (ilustrados por Blanca Millán) donde, además de divertidas historias, los adultos encontramos, tras cada capítulo, una tabla de tips para familiares y educadores que nos aportan gran información sobre los cambios de humor de nuestros hijos.

Entender que sus enfados provienen de la tristeza por pasar demasiado tiempo solos, que sus rabietas son fruto de una impaciencia mal gestionada o que el comportamiento de su amigo invisible puede ser un reflejo de sus emociones se convierte en un gran aliado a la hora de ayudarles a manejar todos esos vaivenes emocionales y evitar que no se conviertan en rabia, mal genio o frustración, entre otras; conductas que, si no son tratadas adecuadamente y a tiempo, pueden derivar en comportamientos normalizados en su vida adulta.

Al igual que nosotros, ellos no pueden evitar sentir frustración o celos cuando no entienden algo, como «por qué no puedo tener ese juguete ahora mismo» o «por qué le hacéis más caso a mi hermano recién nacido». Sin olvidarnos de comportamientos como la represión, que en muchos casos se genera por la autoimposición de no expresar una emoción que ellos consideran negativa, lo que puede llevar a una actitud de retraimiento y separación del entorno.

Con estos cuentos para ellos y consejos para nosotros, Begoña Ibarrola nos ofrece recursos para ayudarles a entender lo que rodea a su demanda, de manera que su nivel de ansiedad descienda y aprendan por sí mismos a responder de la forma más adecuada.

Hijos felices, papás felices.

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